La evolución del guerrero

f_Chokutom

El camino hacia la perfección es largo, dificil, lleno de trampas, a veces gelatinoso en su indefinición, a veces duro como la piedra que hay que partir para seguir adelante. Pero todos, aún cuando no lleguemos a la meta, seguimos el mismo camino en tres niveles de perfeccionamiento.

Comenzamos con las capacidades. Estas nacen con nosotros o las adquirimos. Tenemos la capacidad física para tomar y blandir la katana. Tenemos la capacidad intelectual para saber cuándo usarla y contra quién, así como para aprender a usarla. El adquirir nuestras capacidades, o perfeccionar las innatas que traemos, nos toma bastante tiempo de nuestra vida.

Seguimos con las habilidades. Estas se adquieren en el uso cotidiano de las capacidades. El alimento de las habilidades es la práctica, permanente, disciplinada. Con tesón, llegaremos a dominar el uso de nuestra arma, la katana.

Terminamos con las competencias. Ya hemos llegado a la perfección. Desarrollando sus habilidades, el guerrero samurái da el golpe perfecto con su katana, o el calígrafo Zen hace el trazo perfecto. Son competentes.

El camino es largo, tedioso, sacrificado. El único juez del avance es uno mismo. Al único que hay que satisfacer es a uno mismo. Es uno el que decide si se ha llegado. El rasero es el propio concepto de perfección.

Todo este camino se hace con una sola compañía: la soledad. Y una sola técnica espiritual, la meditación.

Reflexiones propias Zen

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