La mujer del guerrero

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Existe una errada comprensión del papel de la mujer en la vida del guerrero, alimentada por los mitos y leyendas del cine: la mujer dominada, caminando siempre detrás del varón con pasos cortos y con la cabeza inclinada en señal de sumisión. Es una imagen equivocada, en que se confunde lo cultural con lo simbólico.

El guerrero rige su vida por los estrictos postulados del Código Bushido, y por los lineamientos de la filosofía de vida Zen (corriente espiritual del Budismo). Según estos códigos, el objetivo en la vida es la búsqueda incesante de la perfección.

Y lo perfecto existe porque existe lo imperfecto; el negro porque existe el blanco; el Yin porque existe el Yang. El guerrero no domina ni subyuga a su mujer, la reconoce como su adecuado complemento y como tal la respeta y enaltece. El está consciente de que no existiría sin ella. Sabe que ella es el eslabón que mantiene la cadena de la vida. Sabe que de los dos, ella es la más fuerte, porque su arma no es la katana sino la vida, su capacidad de dar vida.

El guerrero busca a su complemento hasta que lo encuentra. Y se define como meta el incorporarla a su vida, el agregarla a su camino. Así como busca llegar a ser competente en el manejo de sus armas, busca por todos los medios llegar a ser completo como ser humano. Y sabe que para ello necesita encontrar y convivir con su mujer. La elige con cuidado, la observa, evalúa desde su manera de pensar hasta su manera de comportarse. Sabe que no existen códigos rígidos de conducta y que cada cual define sus espacios y los administra. El Zen no es una religión, es una filosofía.

El amor es lo más importante para el guerrero. Cuando toma una vida, lo hace por amor, por respeto al contrario, por evitarle la verguenza de ser conocido como derrotado. Con su mujer cultiva la misma actitud: la ama profundamente en todo sentido, desde el placer del cuerpo y del sexo hasta lo sublime de los sentimientos. Todo lo que experimenta por y con su mujer lo hace en forma extrema, desde el mayor de los placeres de la carne hasta lo más profundo de los sentimientos.

Para el guerrero su mujer es un jardín Zen: abstracto, y al mismo tiempo concreto. Sobrio, y lleno de misterios. Perfecto en su forma y en su mensaje. No existe jardín sin el espíritu que lo habita.

 

Reflexiones propias  Zen


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Archivado bajo budismo, Ciencia, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior, Uncategorized, zen

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