¿Realmente vivimos aquí? – Entrevista al Dr. Francisco Mora, Doctor en Neurociencias (La Vanguardia, 140602)

fmora

Tengo 58 años. Nací en Elche y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo dos hijos. Soy doctor en Neurociencias por la Universidad de Oxford, catedrático de Fisiología Humana en la Complutense y catedrático adscrito de Fisiología y Biofísica de la Universidad de Iowa. Practico el voto útil. He dado una conferencia en el Institut d’Estudis Catalans.

-¿Cree, como Francisco Mora, que seguramente el mundo no es como lo vemos?


Es culturalmente abominable, sabiendo cómo se forma el cerebro, que nos apabullen continuamente con fútbol y tantas otras prosaicas cosas.

-No me diga que sin mi consentimiento se arrastra un balón por mi cerebro.

Así es, porque el cerebro puede aprender sin tener acto de conciencia.

-Pues sigue sin gustarme el fútbol.

-¡Ah, amiga!, porque la emoción es lo que subyace a todo proceso mental. Es la energía que la mantiene a usted viva y le permite aprender y desarrollarse.

-¿Se está contradiciendo?

-No, en absoluto. Una cosa es la esfera consciente y otra la inconsciente.

-Pero ambas conviven en nosotros.

-¡Sin duda!, y el mundo inconsciente opera en el mundo consciente.

-¿Cuántos minutos al día somos conscientes de lo que hacemos?

-Muy muy pocos, se sorprendería.

-No crea, es bastante obvio.

-Ahora bien, en el mundo consciente nos mueven básicamente tres determinantes: comer, beber y reproducirnos; y no hay más alternativa que esa. Ningún neurocientífico serio mantiene que haya nada más en el ser humano que la biología. No hay alma y no hay espíritu, así que Dios tendrá que entenderse con la biología. Aunque eso no contradice la idea de Dios, ni la religión, ni la posible vida después de la muerte.

-¿Cómo que no?

-Lo dijo Jesucristo: “Creo en la resurrección de la carne”… pero no en que salga de nosotros un espíritu con alitas.

-¿Y usted qué cree?

Yo soy un agnóstico expectante. Vivo en constante expectación sobre cuál es el significado de mi propia vida, preguntas que hablan de la grandeza y la miseria del cerebro.

-Olvide las miserias.

De acuerdo, entonces la grandeza de mi cerebro me da ese atisbo de conocimiento que me permite saber que probablemente el mundo que me rodea tal vez no existe.

-Vaya, hombre.

Sí, lo podemos haber construido con nuestro cerebro. Lo más seguro es que el mundo no sea como lo vemos.

-¿Este olor a fritanga es un invento?

Los neurocientíficos creemos que el cerebro nos está construyendo un mundo que nos sirve para sobrevivir, pero poco para el conocimiento objetivo. Los malos olores o los buenos olores, los colores, no existen en el mundo, existen en tu cerebro porque tú los creas.

-¿Estoy sentada sobre una ficción?

Posiblemente la construcción cerebral de las formas no coincida con la realidad física. Lo que percibimos y lo que realmente existe son cosas diferentes… ¡Increíble, ¿verdad?!

-Dicen que no hay dos cerebros ni dos percepciones iguales.

Cierto, eso es lo más rabiosamente actual. El procesamiento cerebral para el mismo estímulo parece que va por vías diferentes en su cerebro que en el mío. Sabemos seguro que cada neurona de los 100.000 millones que tiene su cerebro son diferentes de las mías. Pero si quiere podemos ir más allá.

-Vamos.

Uno de los instrumentos que más activa esas neuronas, las hace sobrevivir y aumenta las funciones cognitivas, la inteligencia, es el ejercicio físico aeróbico.

-Entonces, para tener memoria, ¿tengo que hacer gimnasia?

Sí, haga gimnasia y no vea la televisión.

-¿?

Lo digo en serio: ni ver la televisión ni leer una novela estimula el cerebro. Si quiere activar sus neuronas a partir de los 40 o los 50 años haga teoremas matemáticos.

-Soy de letras.

Pues aprenda un idioma nuevo, porque eso aumenta el número de sinapsis; es decir, aumenta los contactos entre los circuitos de las neuronas… ¡y es que no hay más!

-¿Usted a qué le da vueltas en su cerebro?

Le adelanto que dentro de 50 años, a raíz de lo que estamos aprendiendo sobre cómo funciona el cerebro, cambiarán nuestros conceptos sociales, nuestra jurisprudencia, nuestra educación y nuestra concepción religiosa del mundo. ¿Sabe una cosa?

-…Una o dos.

Pues probablemente después de esta conversación y tras dormir esta noche, mañana en su cerebro y en el mío habrán cambiado muchas de las sinapsis y eso nos conformará de manera diferente. Todo lo que significa aprender y memorizar es cambiar el cerebro. Fíjese en otra cosa, ¿qué es la libertad?

-¿La capacidad de escoger?

-Sócrates no sabía, pobrecito, neurociencia y, al acuñar aquello del frontispicio de Delfos de “Conócete a ti mismo” y asumirlo como uno de los ejes de la sabiduría, no tuvo en cuenta que el “tú mismo” no existe. Tú eres un proceso cambiante, no te puedes conocer. Hoy no somos lo que fuimos ayer.

-Ojalá fuéramos todos tan variados, oiga.

-¡Es que es así! Por eso digo que tanto la filosofía como todos nuestros conceptos cambiarán. Como decía Cajal, mientras el cerebro humano sea un misterio todo el universo será un misterio, porque el universo es el producto de cómo el cerebro lo elabora y, ahora, estamos entrando en ese conocimiento.

-Y mientras tanto, ¿cómo me sostengo?

Yo tengo una regla de oro: si yo sé que cambio y me construyo todos los días en función del medio ambiente intelectual y emocional en el que me desarrollo, me haré a mí mismo escogiendo los ambientes que me permitan ser mejor. No podemos conocernos a nosotros mismos, pero sí construirnos.


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2 comentarios

Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

2 Respuestas a “¿Realmente vivimos aquí? – Entrevista al Dr. Francisco Mora, Doctor en Neurociencias (La Vanguardia, 140602)

  1. Hernán Pérez Ramos

    Al respecto de “Conócete a ti mismo”.
    El rio Almendares discurre al oeste del barrio del vedado (en la ciudad de la habana), sus aguas (como las de cualquier otro río) constantemente fluyen al mar en el lugar conocido como la Chorrera.
    ¿Es imposible conocer el rio Almendares?
    Aunque el rio en cada instante es distinto al que anteriormente era, es posible conocer el lugar en el que se encuentra, su caudal en las diferentes épocas del año, la temperatura, la contqaminación y muchas más cosas acerca de sus aguas.
    ¿Que relación es posible establecer entre el rio Almendares y mi cerebro?
    Digamos que el rio, en cada segundo, se transforma en un 99 % (el flujo del agua lo convierte en algo siempre cambiante), sin embargo mi cerebro no cambia tan drásticamente como lo hace el rio. Una gran parte de los circuitos neuronables son succectibles de ser midificados, pero su variación no ocurre al unísono sino que solo se modifican en alguna medida aquellos circuitos que entran en relación con las contingencias de la vida cotidiana, por ello la inmensa mayoría de ese ser quien somos permanece inmutable durante un espacio de tiempo suficiente como para que seamos capaces de conocernos, en tanto quienes fuimos, quienes somos y quienes seremos.
    Si es posible conocer un rio, que constantemente se está modificando en un 99%, ¿por qué no vamos a ser capaces de conocernos anosotros, cuando las modificaciones que suceden en nuestro cerebro ocurren pausadamente y en pequeñas proporciones?

  2. La respuesta más pronta que recoje mi cerebro se relaciona a un concepto del Tao Te Ching: Conocer sin Conocerse, Hacer sin Acción.

    Desde que tú eres el observador y lo observado, sí pudieras “conocerte” en relación de cómo interactuas con tu própio universo. Sin embargo eres (sómos) un ente integrado dentro de la infinita red de energías cuánticas que se están modificando a una micro escala y que se están afectando unas a las otras simultaneamente. Por o tanto, en el momento en que dices: “me conozco” ya es atemporal, ya ese tiempo no existe. Por eso es importante la consciencia con respecto a lo que tú quieres crear en tu ambiente y de cómo te quieres crear en él,cómo lo dice el Dr Mora. Luego entonces somos pues expectadores y creadores de nuestras creaciones y de las creaciones externas a nosotros conciente o inconcientemente.

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