Meditando en el no-ser, parte 3 – Autor: Ayya Khema (1923-1997), traductor: Rutty Bessoudo

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No hay una entidad específica en nada. Eso es vacío. Eso es la nada. Esa nada es también experimentada en meditación. Está vacío, desprovisto de una persona específica, desprovisto de una cosa específica, desprovisto de algo que lo hace permanente, desprovisto de algo que aún lo hace importante. Todo está en un flujo. Entonces, el vacío es eso. Y el vacío se verá en todas partes; se verá en uno mismo. Y eso es lo que se llama anatta, no-ser, insubstancialidad. Vacío de una entidad. No hay nadie ahí. Todo es imaginación. Al principio eso se siente muy inseguro.

Esa persona que yo he estado considerando con tanto interés, esa persona tratando de hacer esto ó aquello, esa persona que será mi seguridad, que será mi seguro para una vida feliz–una vez que encuentre esa persona–esa persona en realidad no existe. ¡Qué idea tan atemorizante e insegura! ¡Qué sentimiento de miedo surge! Pero, de hecho, es justo lo inverso. Si uno acepta y aguanta ese miedo, lo supera, uno llega a un puro y completo alivio y se libera.

Les daré un símil: Imagínate que tú eres dueño de una joya muy valiosa, que es tan valiosa que tú depositas tu confianza en ella tanto que si llegaras a tener épocas difíciles, ella te cuidaría. Es tan valiosa que la puedes tener como tu seguridad. Tú no confías en nadie. Así que tienes una caja de seguridad dentro de tu casa y ahí es donde pones tu joya. Ahora, tú has estado trabajando duro por un número de años y tú piensas que te mereces unas vacaciones. Así que, ahora, ¿qué haces con la joya? Obviamente no la puedes llevar contigo en tus vacaciones a la orilla del mar. Así que compras nuevas cerraduras para las puertas de tu casa y colocas barrotes en las ventanas y alertas a tus vecinos. Les dices acerca de las propuestas vacaciones y les pides que cuiden tu casa–y la caja fuerte dentro de ella. Y ellos dicen que lo harán, por supuesto. Tu debes de estar muy tranquilo y así te vas a tus vacaciones.

Vas a la playa, y es precioso. Maravilloso. Las palmeras se están meciendo con el viento, y el lugar que escogiste en la playa es bonito y limpio. Las olas están tibias y todo es precioso. El primer día tú lo disfrutas realmente. Pero en el segundo día te empiezas a cuestionar; los vecinos son gente amable, pero ellos salen y visitan a sus hijos. Ellos no están siempre en casa, y últimamente ha habido una racha de robos en el vecindario. Y para el tercer día ya te convenciste a ti mismo de que algo espantoso va a pasar, y te regresas a casa. Entras y abres la caja. Todo está bien. Vas a ver a los vecinos y ellos te preguntan, “¿Porqué regresaste? Estábamos cuidando tu casa. No tenías que haber regresado. Todo está bien.”

Al año siguiente, la misma cosa. Otra vez, le dices a los vecinos, “Ahora, en esta ocasión realmente voy a estar fuera por un mes. Necesito estas vacaciones porque he estado trabajando muy duro.” Y ellos te dicen, “Absolutamente no tienes porqué preocuparte, sólo tómatelas. Vete a la playa.” Así que una vez más, bloqueas las ventanas, cierras las puertas, dejas todo en orden y te vas a la playa. Otra vez, es precioso, maravilloso. Esta vez duras cinco días. Para el quinto día estás convencido de que algo espantoso debió haber ocurrido. Y te vas a casa. Llegas a casa y caray, sí sucedió. La joya ha desaparecido. Estás en un estado de colapso total. Desesperación total. Deprimido. Así que vas a ver a los vecinos, pero ellos no tienen idea de lo que ha sucedido, ellos han estado cuidando todo el tiempo. Entonces, te sientas y recapacitas los hechos y te das cuenta de que ya que la joya ha desaparecido, posiblemente debas regresar a la playa y divertirte!

Esa joya es el yo. Una vez que se ha ido, toda la carga de cuidarlo, y los miedos acerca de él, todos los barrotes de puertas y ventanas y corazón y mente ya no son necesarios. Ya puedes solamente ir y divertirte mientras sigas en este cuerpo. Después de una apropiada investigación, el aspecto amenazador de perder esta cosa que parecía tan preciada, se convierte en el único alivio y liberación de preocupación que existe.

Hay tres puertas para la liberación: la sin signo, la sin deseo y la del vacío. Si entendemos la impermanencia, anicca, totalmente, se llama la Liberación Sin Signo. Si entendemos el sufrimiento, dukkha, totalmente, es la Liberación Sin Deseo. Si entendemos el no-ser, anatta, totalmente, entonces es la Liberación del Vacío. Esto significa que nosotros podemos ir a través de cualquiera de estas tres puertas. Y ser liberados significa nunca volver a tener que experimentar un momento infeliz otra vez. Esto también significa otra cosa: significa que nosotros ya no estamos creando más kamma. Una persona que ha sido completamente liberada, aun actúa, aun piensa, aun habla y mira a todas las intenciones y propósitos como cualquier otra persona, pero esa persona ha perdido la idea de yo estoy pensando, yo estoy hablando, yo estoy actuando. Kamma ya no se está produciendo porque está solamente el pensamiento, sólo el habla, sólo la acción. Está la experiencia, pero no el experimentador. Y porque ya no se está produciendo kamma, no hay renacimiento. Eso es total iluminación.

En esta tradición, se han clasificado tres estados de iluminación antes de que uno alcance el cuarto estado, la total iluminación. La primera fase por la que nosotros podemos interesarnos – por lo menos teóricamente – se llama sotapanna. El que Entra en la Corriente. Esto significa una persona que ha visto Nibbana una vez y de ese modo ha entrado a la corriente. Esa persona no puede ser disuadida más del Sendero. Si la penetración es fuerte, puede haber únicamente una vida más. Si la penetración es débil, uno puede tener siete vidas más. Habiendo visto Nibbana por uno mismo una vez, uno pierde algunas de las dificultades que uno había tenido antes. El obstáculo más drástico que uno pierde, es la idea de que esta persona que nosotros llamamos “yo” es una entidad separada. La visión equivocada del ser se pierde. Pero eso no quiere decir que un sotapanna está constantemente alerta del no-ser. La visión equivocada está perdida. Pero la visión correcta debe ser reforzada una y otra vez y experimentada una y otra vez a través de ese refuerzo.

Esta persona ya no tiene ningún gran interés, y ciertamente ninguna creencia, en ritos y rituales. Estos pueden continuar haciéndose porque son tradicionales o porque son una costumbre, pero esta persona ya no cree que ellos le puedan brindar ningún tipo de liberación (si es que ellos alguna vez creyeron eso anteriormente). Y también, algo muy interesante se pierde: la duda escéptica. La duda escéptica se pierde porque uno ha visto por uno mismo que lo que el Buddha enseñó es una realidad. Hasta ese momento la duda escéptica va a surgir una y otra vez porque uno fácilmente puede pensar: “Bueno, tal vez. Tal vez así sea, pero ¿cómo puedo yo estar seguro?” Uno solamente puede estar seguro a través de su propia experiencia. Entonces, por supuesto, ya no queda duda escéptica porque uno ha visto lo que hemos descrito, y habiéndolo visto, nuestro propio corazón y mente tienen un entendimiento que hace posible ver todo lo demás.

El Dhamma debe tener como su base el entendimiento de que no existe una entidad especial. Hay una continuidad, pero no hay una entidad especial. Y esa continuidad es lo que hace tan difícil para nosotros el ver que realmente ahí no hay nadie dentro del cuerpo haciendo que las cosas sucedan. Las cosas están sucediendo de todas formas. Así que el primer instante de haber visto un vislumbre de libertad, llamado Entrada a la Corriente, hace cambios dentro de nosotros. Esto ciertamente no erradica el apego y el enojo–de hecho, estos ni siquiera se han mencionado. Pero a través del gran entendimiento que tiene tal persona, el apego y el odio disminuyen. Ya no son tan fuertes, y no se manifiestan de una forma intensa, pero permanecen en formas sutiles.

Los siguientes estados son El que Regresa Una Vez, después El que No Regresa, después el Arahant. El que Regresa Una Vez tiene una vida más en el mundo de los cinco sentidos. El que No Regresa no retorna a la vida humana, y el Arahant, es el ser Completamente Iluminado. Los deseos sensuales y el odio sólo se erradican con los que No Regresan y la total vanidad del ser, sólo con los Arahants.

Así que podemos aceptar completamente el hecho de que ya que nosotros no somos Arahants, nosotros todavía tenemos apego y odio. No se trata de culparse a uno mismo por tenerlos: se trata de entender de dónde vienen estos. Ellos vienen del engaño del yo. Yo quiero proteger esta joya que es el yo. Así es como ellos surgen. Pero con la continua práctica de meditación la mente puede llegar a ser más y más clara. Ella finalmente entiende. Y cuando ella entiende, puede ver la realidad trascendental. Aun si es vista por un momento de pensamiento, la experiencia es de gran impacto y hace un cambio marcado en nuestras vidas.


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