Curiosa profesión, la suya… – Entrevista a Jonathan Ott, etnofarmacognólogo y psiconauta (La Vanguardia, 060402)

jonathanott

– Curiosa profesión, la suya…

-Y apasionante: me considero psiconauta profesional.

-¿Psiconauta?

-Sí: me dedico a navegar por mi psique. Verá: yo pruebo las plantas que tradicionalmente han usado diversos pueblos primitivos, analizo su química y estudio sus efectos en mí propia psique.

-¿A qué tipo de plantas se refiere?


-A las que Gordon-Wason y yo bautizamos como “enteógenos”, neologismo que significa “dentro de mí (en), dios (teo) deviene (geno)”: son sustancias que diluyen tu yo, expanden tu conciencia y la conectan con el todo, con otra dimensión de la realidad…

-¿Quién era Gordon-Wason?

-El primero que afirmó que el consumo de enteógenos está en el origen de la religión.

-¿Eso puede demostrarse?

-Fíjese en el rito cristiano de comulgar: es meterse a Dios dentro de uno…, simbólicamente, ¿no? ¡Se estilizó lo que primitivamente hacíamos de veras: ingerir un enteógeno!

-Deme algunos ejemplos de enteógenos.

-Hay decenas de plantas enteogénicas, variables según los pueblos: ayahuasca, curare, datura, estramonio, belladona, chakruna…

-¿Y alguna aquí, en la península Ibérica?

-Una planta que usaron los pueblos celtíberos fue el beleño: por eso hay un dios céltico, Belenus, ¡y de ahí el verbo “embelesar”!

-Elíjame al “rey de los enteógenos”.

-Hay muchos hongos (los “psilocibes”)… ¡y una gran seta!: “Amanita muscaria”. Para Gordon-Wason, la amanita es el “soma” que comen los dioses de los Vedas hindúes. Y fue un enteógeno tradicional en Cataluña, donde aún hay memoria de su ingesta entre pastores pirenaicos: ¡de ahí la expresión popular “tocat del bolet” (tocado por la seta), cuando uno se comporta de forma rara!

-Pero es una seta venenosa…

-Sólo en dosis muy altas. El tabú sobre esta seta visionaria lo impuso hacia el 1.500 a.C. algún grupo iniciado que, para monopolizarla, propaló que era venenosa. Y ese miedo acabó extendiéndose a todas las setas: ¡de ahí que medio mundo sea micófobo!

-¿Fue ése el primer tabú religioso?

-En cierto modo… Pero en verdad hay tres fases: primero, el chamanismo; después, los misterios eleusinos; luego, la religión.

-Explíqueme lo del chamanismo.

-El chamán es el sabio del mundo prealfabetizado: conoce los efectos de los enteógenos -eran psiconautas- y de las demás plantas, y con ellas cura, ayuda en la caza…

-¿De qué manera ayuda en la caza?

-Sabe elaborar venenos de dardo: venenos que paralizan al animal pero que no intoxican su carne para el consumo humano. Y elabora preparados que agudizan los sentidos de los cazadores… ¡y también de los perros de caza, dándoles a aspirar ciertos rapés!

-El chamán ayuda a sobrevivir al grupo…

-Sí. Y sus conocimientos son fruto de miles de años de prueba y error: ¡de ciencia! ¡Les debemos la mitad de nuestra medicina!

-Vamos a la segunda fase: ritos eleusinos.

-Del 1500 a.C. al siglo IV d.C.: imagínese un templo griego (como el de Eleusis), de noche, y una comunión colectiva de personas -¡incluso hasta 2.000!-, que tenían severamente prohibido hablar de esa reunión: la experiencia debía ser personal, intransferible.

-¿Y en qué consistía? ¿Qué comulgaban?

-Allí no se hablaba: se distribuía e ingería una infusión de cereal, agua y menta… Pero ese cereal portaba un hongo parásito: cornezuelo del centeno, cuya sustancia psicoactiva -enteógena- es idéntica al LSD.

-Aquello era un “viaje” colectivo, vaya.

-Al interior de cada uno: en ese estado alterado de conciencia se les mostraban ciertos símbolos y se representaban ciertas escenas que guiaban al individuo a un reconocimiento de sí mismo, al autoconocimiento.

-¿Y cómo llega la tercera fase: la religión?

-De esas experiencias personales más allá de la conciencia ordinaria derivó la idea de otra realidad, de espíritus, dioses… Y si entre el mundo ordinario y “el otro” se interpone una jerarquía de intermediarios que impone el “cree esto sí y esto no”, ¡eso es la religión!

-En resumen: la religión tendría su más remota raíz en las experiencias chamánicas…

-Sí. Además, la primera profesión de la historia no fue la de prostituta: ¡fue la de chamán! Fue el primer “especialista”.

-Especializado en probar plantas, ¿no?

-El hombre prehistórico, cazador, veía que algunos animales alteraban su comportamiento tras comer ciertas plantas, raíces u hongos: los renos, caribúes… ¡se embriagan así! (y “cerveza” viene de “ciervo”). Y cada clan prehistórico, de 30 o 40 individuos, liberaba de cazar a uno de sus miembros para que se dedicase a investigar todo eso.

-Y él controlaba el uso de esas sustancias.

-Claro, ¡y no como hoy, con tanto jovencito ignorante intoxicándose estúpidamente!

-Las visiones, ¿influirán en el arte?

-Hay motivos artísticos que se repiten en culturas sin contacto. Lógico: ¡son fruto de visiones similares, por drogas similares!

-Mucha psicodelia prehistórica, veo…

-Es un asunto serio. ¡La inteligencia humana pudo ser hija de esos consumos! Lo dijo Gordon-Wason: ciertas sustancias químicas ingeridas pudieron actuar como hormonas activadoras (“kairomonas”) del desarrollo cerebral de nuestros ancestros primates…

-¿Ha ingerido usted muchas sustancias?

-¡Más que cualquier chamán!

-¿Cómo me resumiría sus experiencias?

-Así: la certidumbre no cabe en la sabiduría. Tras cada experiencia tengo menos certidumbre sobre cómo es todo.

-¿Alguna experiencia para olvidar?

-Sí: una borrachera de alcohol, de joven.


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