El Dharma, el significado, la realidad, la conciencia: cuatro columnas en las que apoyarse – Autor: Mariano Merino

Dharma

La realidad es lo que es y no lo que parece. Por lo tanto, si queremos vivir nuestra realidad en forma plena debemos diseñar un modelo de interpretación de esa realidad y pautas o criterios de evaluación y de comportamiento. Es fácil decir “me comporto de esta manera” y luego viene una larga lista de experiencias. Es tan fácil como comportarse cuando nos amenazan con el fuego eterno o algún divino castigo.  Por eso es importante encontrar testimonios personales, ya que el Budismo se basa en las vivencias. Nuestro lector y amigo Toño, en su sabio comentario, nos indica que conoció a un Budista que le dijo…


…para no caer en las formas y ver el fondo hay cuatro grandes apoyos, o criterios de la vida espiritual: 1)hay que apoyarse en el Dharma y no en una persona. 2)hay que apoyarse en el sentido y no en la expresión 3)hay que apoyarse en los discursos que tienen un sentido explícito y no en los de sentido implícito 4)hay que apoyarse en la conciencia trascendental y no en el conocimiento discriminativo.

Es un modelo muy interesante y que vale la pena reflexionar y esclarecer, para beneficio de los lectores que están comenzando a transitar este camino. Y es un modelo válido porque nos indica qué hacer y cómo hacerlo. Es instrumental. Cada uno de nosotros debería generar su propio modelo, aunque sea tan simple como el decir “no dañaré a ningún ser viviente”.

a) Hay que apoyarse en el Dharma y no en una persona. El Dharma es la Ley suprema, lo que existe, lo que gobierna la realidad. Si lo queremos esclarecer más, vendría a equivaler a lo que los juristas llaman “el derecho natural”. No es creado por los hombres; simplemente existe y nos guía, y podemos llegar a conocerlo mediante el autoconocimiento, la Meditación u otros medios.  El Dharma es el que nos da nuestras pautas, no una determinada persona (Jesús u otro). El Budista se apoya en el Dharma porque parte de su ser Budista es cuestionarlo todo, y en este sentido llegamos a la frase que he repetido innumerables veces cuando topamos con este concepto: el Budista no cree ni en Buda.

b) Hay que apoyarse en el sentido y no en la expresión. El Budista busca la soledad de su ser pero vive en sociedad, e interactúa mediante el lenguaje, y este medio es muy rudimentario y poco eficiente para comunicarse. Piensen solamente en los miles de acepciones que puede tener el término “amor” o “patria”. Por eso, el Budista desarrolla, a través de sus técnicas, su lado intuitivo que le permite llegar a conocer el sentido profundo de un concepto, más allá de la expresión lingüística en la que se transmite. El Budista es un intuitivo y se comunica con el corazón, no con la mente.

c) Hay que apoyarse en los discursos que tienen un sentido explícito y no en los de sentido implícito. La realidad es lo que es, así que ¿para qué buscarle refinamientos? Lo que es, es. Por la pobreza de nuestro lenguaje, debemos comunicarnos con la intuición, ya que ella nos traduce mucho mejor el mensaje que recibimos. Lo explícito es la realidad; lo implícito algo esconde siempre.

d) Hay que apoyarse en la conciencia trascendental y no en el conocimiento discriminativo. Todo conocimiento es parcial y sólo enfoca un aspecto de la realidad por lo que el que más sabe menos comprende. Para vivir plenamente hay que subir al Tao, la Totalidad, y desde allí manejar nuestros hilos para comunicarnos con los semejantes. Tener conciencia es percibir; tenemos conciencia de nuestro cuerpo, de nuestro entorno, de los que amamos y nos aman. Esa debe ser nuestra plataforma para actuar en los distintos escenarios.

Muy profundos los criterios que cita Toño. Y a medida que pasa el tiempo, más enlaces y profundidades les iremos encontrando porque la mente se dedicará a otras cosas mientras que nuestra alma seguirá dándole vueltas a este asunto, hasta que de repente gritemos ¡Eureka! Gracias Toño.

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