El Budismo y el sexo – Adaptado de http://budismo.com

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¿La inclinación personal hacia el sexo y la sensualidad, se condicen con la condición de Budista?  Como es un tema recurrente, y se tiene la falsa impresión de que ser Budista equivale a ser un monje, asceta, o tener conductas monásticas extremas, conviene explicar la visión del Budismo respecto al sexo.

Las escrituras budistas apenas abordan el tema del sexo. Los monjes y monjas hacen voto de castidad y los códigos monásticos especifican, con todo detalle, qué actos excluye el voto, pero no se prescribe nada para aquellos que no viven en monasterios. Suele interpretarse este precepto como una reprobación de la violación, el adulterio y el secuestro, pero de hecho es mucho más que eso.

El sexo es importante para todo el mundo. El instinto sexual es muy fuerte y conduce a toda clase de comportamientos extraños. La cultura budista se caracteriza porque nunca ha intentado controlar la sexualidad mediante el sentimiento de culpa. El budismo no discrimina a la gente por sus preferencias sexuales. Se puede ser heterosexual, homosexual, onanista, travestido o célibe.


El budismo tampoco ha glorificado la familia nuclear. El matrimonio no es un sacramento budista sino, simplemente, un contrato social. Si se consideran las diferentes culturas budistas del mundo se observará que se aceptan socialmente la monogamia, la poligamia y la poliandria, las cuales se entienden como diferentes maneras de organizar la vida.

Lo importante, en el Budismo, es que el comportamiento sexual de uno no lastime a los demás ni se le conceda un valor desproporcionado al sexo. Vivimos en una cultura que da una importancia desmesurada al sexo, mismo que se convierte en el núcleo vital de muchas personas. Cuando un individuo busca refugio en las ideas budistas, el sexo se desplaza del centro a la periferia de la vida y el apego a él disminuye, sin llegar a extinguirse. Simplemente adquiere otra dimensión y por lo mismo se disfruta más.

La tensión de la polarización y el deseo sexual aumentan la dualidad sujeto/objeto. En un estado de excitación sexual, la persona objeto del deseo es sólo eso, un objeto. La conciencia nunca experimenta un estado de división ansiosa tal como cuando están excitadas sexualmente, sobre todo si el deseo queda frustrado. El estado contrario, el de complacencia, es decir, sentirse a gusto con uno mismo y con el mundo, no aparece mediante la satisfacción del deseo, sino debido a su eliminación.

En todo caso, el sexo y su impacto en la vida personal está sujeto al cumplimiento estricto de las Cuatro Nobles Verdades y al Óctuple Sendero, que son las guias de comportamiento del Budista. Al sexo hay que darle la importancia que merece en nuestra propia vida, sin parar mientes en la vida de los demás. Hay que reconocer que su sola existencia implica soportar el sufrimiento de su exigencia; hay que tener presente que la plena satisfacción del deseo sexual trae la eliminación de ese sufrimiento, y que todo está enmarcado en normas de conductas adecuadas y apropiadas para cada persona y situación.


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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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