El poder de los símbolos – Reflexiones de Mariano Merino

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Los símbolos son entidades propias, potentes. Transmiten mensajes y al mismo tiempo concentran y acumulan energías y las devuelven multiplicadas. Todo pensamiento tiene un mensaje que hay que saber interpretar, y ese mensaje se comunica a través de un símbolo. El ser humano esta lleno de símbolos, los que usa de manera instrumental. Le sirven para algo. En nuestro caso, para alimentar y mantener nuestro espíritu.

El Budismo no escapa a esa realidad. Los que lo profesamos y lo practicamos y vivimos en el día a día y en el aquí y ahora, también recurrimos a los símbolos. Por ejemplo, yo tengo en un rincón de mi casa mi propio altar (foto superior), en el cual he colocado unos cuantos objetos y cada uno es un símbolo de un ente poderoso para mi manera de ver el mundo.

Tengo una pequeña cascada zen, que me recuerda la naturaleza en la que realizo mi existencia; un plato pintado a mano con los 7 principios del Bushido, que simboliza los valores moralesque me guían; un bonsai de bambúes, que simbolizan el acto de vivir en inseguridad y flexibilidad; un juego de katanas, que simbolizan las armas con las que perfilo mi realidad y la voy creando; un reloj de arena, que simboliza el inexorable paso del tiempo y me recuerda que todo es vanidad y que vivo para prepararme para el acto supremo de mi existencia, la muerte; una estatua metálica fundida del rostro de Buda, que simboliza el objetivo último al que podría aspirar si quisiera, la Iluminación; y una esterilla sobre la cual está el bonsai, que simboliza el orden y limpiezaque deben dominar mi cuerpo y mis actos.

Otro altar zen se los muestro en la foto inferior; es de una casa de retiro  de un Maestro Budista, Vayira, situada en Gales. Como pueden observar, su forma es eclesial. Noten el detalle que la estatua de Buda está situada sobre una piedra, simbolizando que el espíritu está sobre la materia. Cada cual arregla sus propios altares de acuerdo a sus propias visiones.

Estos símbolos no son objetos de adoración; son meros recordatorios. Generalmente los ponemos en las áreas de Meditación. Personalmente, por lo menos una vez al día observo mi altar, simplemente lo miro, y me invade una paz muy agradable. Los altares tampoco son inmutables, están sujetos al cambio. Es decir, uno los rehace las veces que le venga en ganas. Los budistas nos preciamos de no creer en nada, ni en Buda siquiera. Los budistas vivimos en forma consciente y luchamos por llegar a saber quiénes somos y conocer y alejarnos de los condicionamientos de la sociedad. Buscamos la paz interior y la felicidad.  No nos aislamos, todo lo contrario. Vivimos en sociedad, ayudando a nuestros semejantes según nuestro nivel de consciencia y recursos, pero tratando de ser de acuerdo a lo que nosotros consideramos que somos, no a lo que nos imponen.

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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