Sólo ensucio mis sandalias – Entrevista con Shizuteru Ueda, estudioso del Budismo (Victor Amela, 110105)

shizuteru-ueda

Tengo 78 años, nací en Tokio y vivo en Kioto (Japón). Soy doctor en Filosofía por la Universidad de Marburgo y catedrático emérito de Filosofía de la Religión en la Universidad de Kioto. Estoy casado y no tengo hijos. ¿Política? Sueño un mundo en que convivan los opuestos. ¿Dios? Está en cada relación que tienes con el otro, con el mundo


-Maestro…

-¿Sí?

-¿Qué es el zen?

-Comer. Dormir. Un puño. Una montaña. Nada.

-No entiendo.

-Hablar sobre el zen es alejarse del zen. Calla y siéntate: eso es zen.


-Pues ha escrito usted varios libros…

-Sí, pero en torno al zen, a la meditación zen (zazen), a la instrucción zen (sanzen)…

-¿Y cuál es la idea central del zen?

-Forma es vacuidad, vacuidad es forma. El Todo y la Nada como la misma cosa.

-Que la etimología me ayude: ¿qué significa exactamente zen?

-Proviene del sánscrito dhiana, que podríamos traducir como recogerse, pensar bien. Ese sonido pasó a un ideograma chino.

-¿Con qué significado?

-Vivir. Vivir sin porqué. Sentirse. Sin pensar, sin hacer.

-¿Vive usted así?

-Cada mañana, cuando me levanto, salgo al jardín de casa, miro mi árbol de alcanfor, abro los brazos lentamente, abarcándolo con ese gesto, mientras inspiro hondo. Espiro lentamente, bajando los brazos. Me siento uno con el mundo. Entro en casa y nada ya me altera, ni siquiera que mi mujer me riña.

-Pues parece muy sencillo… ¿Podría esto ser sazen, es decir, meditación zen?

-Sazen significa sentado. Para meditar, primero hay que sentarse con la columna recta, manos y piernas inmóviles, ojos entrecerrados, y una respiración sosegada y, mientras se exhala, observar ese respirar con el sereno ojo de la mente… Que la mente no tenga enfoque ni objeto: un pensar sin pensar.

-Y luego, ¿qué?

-¿Qué? Pues que tranquilo, sereno y firme como el monte Fuji encumbrado en el cielo sobre el mar oriental…, ¡eres!

-Soy.

-Al levantarte, es hora del sanzen,es de-cir, la reflexión, practicada mediante los koan. Un koan es un breve enigma sobre el que reflexionar, antes de volver al zazen.

-¿Y adónde conduce todo este proceso?

-A vivir de verdad. ¡A ser hombre verdaderamente! A ser plenamente humano.

-¿Y en qué consiste ser humano?

-En sentir que hay algo más que el yo.Conectar con lo que trasciende al yo -¡estamos rodeados por un universo invisible!- y así autodespertar a un yo soy yo sin ser yo.Osea, es un autodespertar del yo-y-tú.

-¿Ha conocido a alguien autodespierto?

-Al maestro T.D. Suzuki: ¡era un hombre! Escuchaba mucho,  y si le preguntabas algo, le bastaba hablar muy poco para que tú mismo hallases una respuesta, como en un eco…

-Por ejemplo…

-Tras una conferencia en Japón, un día, una asistente que había volado desde Nueva York para verle, le planteó todas sus angustias y problemas, muy agobiada. Suzuki la escuchó, y cuando ella terminó de hablar, él le tomó la mano y sólo dijo, admirativo: “¡Qué bonita mano: es la mano de Buda…!”.

-¿Nada más?

-Eso bastó. La joven recuperó su autoestima y resolvió sus problemas.

-¿Querría contarme algún koan?

-Un maestro, a toda pregunta que sus discípulos le hacían, respondía de una misma y única manera: alzaba el dedo índice. Ya en su lecho de muerte, alzó el dedo y añadió: “Tengo más que decir, pero no hay tiempo”.

-Otro koan,por favor.

-Un joven discípulo ve a su maestro caminar siempre de arriba abajo del país para hablar con los más relevantes personajes, por todos venerado, y le pregunta un día: “¿Qué hace en todos esos viajes, maestro?”. A lo que él responde: “Sólo ensucio mis sandalias”.

-¿Respondería usted lo mismo?

-Yo sólo desgasto mis zapatos, ja, ja…

-¿Está satisfecho con su vida?

-Miro mi vida y me digo: ¡interesante!

-Y eso le basta.

-Sí. Ésa es la gran pregunta para cualquiera: ¿qué estoy haciendo de mi vida?

-Asusta un poco hacértela….

-La respuesta es difícil…, si es que la hay.

-¿Con qué podemos ayudarnos?

-A mí me guió la filosofía, la mística medieval y la práctica zen.

-¿Qué hay de común en todo eso?

-“El desasimiento inmutable lleva al hombre a la máxima igualdad con Dios”, decía el maestro Eckhart, místico medieval alemán.

-¿Desasimiento inmutable?

-Lo decía de otro modo: ser “vacío y libre”. ¡Qué máxima tan perfectamente zen!

-¿En qué consiste ser “vacío y libre”?

-Eckhart dice que así está Dios: vacío y libre. Como una nada. Dios es, en sí, una nada. Por eso Eckhart ruega a Dios que le vacíe de Dios: “Sólo así Dios y yo somos uno”. ¡Y entonces tiene pleno sentido el yo soy!

-Yo soy el que soy, dice el Dios bíblico.

-Porque sólo desde el supremo desasimiento se profiere la primera alocución de la vida puramente libre: yo soy.

-¿Ha logrado usted proferirla?

-No tiene sentido que yo explique qué he logrado en mí. Sólo tiene sentido lo que tú logras y sientes en ti. ¿Qué buscas en el corazón de otro si no entiendes el tuyo?

-Para acabar, ¿me regala otro relato zen?

-El buey y el boyero es mi favorito. Buscando a su buey perdido, un boyero se debate en la maleza sobre si continuar o volver. Entonces halla huellas de su buey. Y luego lo oye. Luego lo ve. Y lo captura. Lo doma. Y, ya sentado sobre su buey, regresan a casa.

-¿El buey es el yo interior, no?

-Buey y boyero son ya uno. Desaparecen. Las flores florecen.Un hombre nuevo reaparece. Sonríe. Y se abre la puerta de palacio.


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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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