La subasta – Reflexiones de Mariano Merino

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DONG DONG DONG…. ¡Se dará inicio a la subasta del día de hoy, uno cualquiera! La voz del Jefe de Sala resonó fuerte y clara. Los Corredores de Bolsa, todos representantes de Dios en la tierra, estaban alrededor de la rueda y comenzaron a gritar… ¡Mi Dios es el único! ¡El mío es el verdadero! ¡No le creas a los otros, aquí está la Verdad! ¡Yo traigo la salvación! ¡Conmigo ganarás el cielo! ¡Mira mis iglesias! ¡Mi Dios hace milagros! ¡El mío mandó a su hijo para salvarlos! ¡Con nosotros viajarás a Tierra Santa!… Como en todas las sesiones de rueda, un gran griterío ofreciendo gangas.

El único que no gritaba ni decía palabra era el Corredor budista. Sentado, cerca de la rueda, se limitaba a observar. Un ujier, al ver esa actitud, se le acercó y le preguntó:

– Y usted, ¿no tiene nada que vender? ¿No le preocupa que su Dios se quede sin adeptos?

– Mi Dios es el que creó a todos los dioses: el ser humano. Lo que me preocupa es cada uno de esos colegas, que pueden sufrir un síncope de tanto esfuerzo que hacen por vender lo invendible.

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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