El Budismo no hay que estudiarlo, hay que vivirlo y practicarlo – Reflexiones de Mariano Merino

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Este mundo en que vivimos nos desintegra, como familia, como personas, como sociedad, como especie. Todo está organizado para usar y abusar de nosotros, individuos. Con la excusa de la libertad individual, se permite la circulación de productos que nos matan, como el alcohol o los cigarrillos, incluso las drogas. ¿Quién lo hace? El estado, que debería protegernos. Con la excusa de la vida social y el relacionamiento ya no existe vida familiar, cada cual anda por su lado. Con la excusa del aprovechamiento para el beneficio de todos tenemos a este planeta al borde del colapso, y el planeta ya está cansado de nosotros y está comenzando a sacudirse de esta especie tan dañina. Estamos desintegrados, y lo percibimos en muchos índices: la asistencia a reuniones de sectas religiosas ha aumentado exponencialmente mientras que a iglesias formales establecidas se ha mantenido o ha disminuido. La gente busca respuestas, esa es la razón, y reconoce que las iglesias son del estátus. El ser humano infiere y deduce que lo que sucede no puede ser y que la situación no da para más, pero no sabe qué hacer. La alternativa es la violencia social, que ya está germinando.

Lo mismo puede decirse del Budismo, cuyos adeptos o curiosos aumentan vertiginosamente. Es cosa de verlo en las redes sociales como Facebook y otras. Pero, es necesario preguntarse ¿se es budista con solo recitar mantras y hablar algunas palabras en tibetano o japonés? ¿Qué hay de la acción personal o social? ¿Se siguen los dictados del Óctuple Sendero en la vida personal y familiar? ¿Tenemos comportamientos acordes a lo que supuestamente predicamos? ¿Nuestros hijos se dan cuenta de que decimos una cosa y hacemos otra? ¿Tenemos consciencia de que el sufrimiento existe? ¿Cómo lo definimos? ¿Sufrimos cuando se nos va la empleada doméstica o cuando nuestro vehículo de estropea? ¿O sufrimos cuando miramos hacia los 4 puntos cardinales y vemos pobreza, pobreza, pobreza? ¿Sufrimos por el hacer o no hacer en esos casos? Ser budistas formales es fácil: basta con saber leer y tener un mínimo de capacidad intelectual. Pero nos hemos olvidado de que Buda predicó en las aldeas, a ese nivel de gentes, para sacarlos de su estado precisamente. Es fácil estudiar para budistas, lo dificil es SERLO.

El Budismo es acción, es cambio, es consciencia. Es hacer, es practicar. Es mejorar uno para adquirir la capacidad de mejorar a los demás. ¿Lo hacemos? Por lo menos estamos lejos de la situación que describió magistralmente Osho en uno de sus libros: los indúes se dedicaron a meditar y sólo meditar y el país se convirtió en un caldero de mendigos denominados “hombres santos”. Pero me asalta la duda de si no estaremos convirtiéndonos en un caldero de mendigos… a nivel mental. ¿Eso queremos? Porque es fácil lograrlo, basta con seguir haciendo lo que hacemos.

El Budismo no hay que estudiarlo, hay que practicarlo. El Budismo es acción, no intelecto ni emoción.

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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