Póngale cada día una dificultad a su hijo – Entrevista a Andrea Fiorenza, psicoterapeuta infantil y juvenil (La Vanguardia, 220402)

andreafiorenza

-Cuénteme uno de sus casos.

-Era un niño de 12 años que pegaba a sus compañeros de clase, a su hermana, a su madre…

-¡A su madre!

-Sí, la insultaba y pegaba. Y envió al hospital a una profesora, mordiéndole un dedo.

-Menuda pieza…

-Espere: no hay niños “malos”; lo que sí hay son relaciones disfuncionales. Si las modificamos, puede resolverse el problema.

-¿Y qué hizo usted en el caso de ese niño?

-Estaba en mi consulta con sus padres, que iban explicándome sus maldades. Él, con una gorra hasta las cejas, ni me miró. Sólo miraba por la ventana. Cuando los padres acabaron, dije: “Estoy viendo que no le agradecen a su hijo lo que hace por ustedes…”

-¿En serio?

-Les dije: “Él, con su conducta, les hace sentir importantes a ustedes, les hace sentir padres que se preocupan. ¡Agradézcanselo!”. El niño, entonces, empezó a mirarme.

-No me extraña…

-“¿Verdad que no te agradecen lo bastante?”, le pregunté. Se rió. Por primera vez empezó a estar receptivo, porque notó un cambio relacional: por primera vez no era “el niño al que le dicen que es malo y debe ser castigado por ello”. “Cada vez que pegues, ¿cómo prefieres que te lo agradezcan, con dinero o con palabras?”, le planteé. “Con dinero”, eligió. “Que tus padres te den una moneda cada vez que pegues”, receté.

-Qué terapia tan rara…

-Se llama terapia breve estratégica: es el arte de resolver problemas mediante soluciones (aparentemente) simples.

-¿Sí? ¿Y el niño dejó de pegar?

-Al cabo de una semana no quiso las monedas, y al cabo de dos semanas me llamó: quería que sus padres le mostrasen afecto de otro modo que con esa “moneda por pegar”. Le ayudé a comportarse, y lo logró.

-Enhorabuena. Parece cosa de magia.

-No. El sistema relacional estaba bloqueado, y lo desbloqueé con esa estrategia. Es lo importante: promover un pequeño cambio…, y que la bola de nieve empiece a rodar.

-¿Qué entiende por “pequeño cambio”?

-Es muy pretencioso querer imponer una solución drástica: si atacas de frente, el sistema se alerta, se acoraza y no hay resultados. Pero si introduces sólo un pequeño cambio…

-Un ejemplo de solución drástica.

-Si a un niño le dices “come” y dice “no” y tú insistes -“va, come”-, ahí estás gratificándole con tu atención. O sea: estás reforzándole en el “no”, ¡y más en cuanto más insistas!

-¿Y qué hacer?

-Mire qué hacía un colega mío con su hijo. Su esposa le decía al niño: “Ten, tu verdura”. Mi colega decía: “No, no le des, ¡no tiene edad!”. La madre: “¿No? ¡Ah!, no sé, yo creía que sí”. El padre: “¡Que no, que no!”. Y el niño: “¡Yo quiero comer la verdura!”.

-¡Bravo!

-Otro niño de tres años, en el comedor del colegio, en cuanto había comido algo se metía bajo la mesa molestando a los otros. Un día, antes de que él lo hiciese, se le dijo: “Tonino, en cuanto acabes la sopa ve bajo la mesa”. Tonino pronto no quiso volver a bajar.

-Muy hábil.

-Lo decía Wittgenstein: “Si a un juego le modificas una regla, es ya otro juego”. En los dos casos se alteró una regla…, y todo cambió. Es como aquella niña que no hablaba…

-¿Qué le pasaba?

-Mutismo selectivo: en casa sí hablaba, pero no con los niños de su clase: la niña estaba cómoda sin hablar y con la atención de la maestra insistiéndole en que hablase. Perturbé el sistema sólo con un “pequeño cambio”.

-¿Qué cambio introdujo usted?

-Le dije a la maestra: “Al dirigirte a la niña comete errores: llámala por otro nombre, o dile ‘¡Qué bonita camisa blanca!’ cuando venga con una camisa rosa, etcétera, ¡y aléjate enseguida para que no pueda corregirte! Y, si lo hace, muéstrate indiferente”, le dije.

-¿Qué “bola de nieve” hizo rodar con eso?

-La niña necesitó liberar la frustración interna que iba acumulando a causa de esos “errores” de la maestra…, y empezó a comentarlos con sus compañeros. Fin del mutismo.

-Qué complicados son los niños…

-No. Son disfunciones relacionales: padres ansiosos, con demasiada atención sobre el niño, con demasiada expectativa sobre él, hiperprotectores… Y cuando una disfunción se afronta mal se convierte en problema.

-¿Qué actitud convendría a los padres?

-Autoridad sin totalitarismo: o sea, observar y ejercer de guía. Sin dar órdenes absurdas como “¡Sé independiente!”: ¡es imposible ser independiente por ordeno y mando!

-El conflicto generacional, ¿es inevitable?

-Es algo saludable, algo que debe existir. ¡Si no, el hijo jamás volará con sus alas! No es mala cosa que los padres le planteen a su hijo alguna dificultad al día. Una cada día.

-¿Para fastidiarle?

-Para que la supere y, así, gane autoestima. ¡O se quedará en casa indefinidamente!

-Eso sí, volviendo a casa a las tantas de la mañana y atiborrado de pastillas…

-En ese caso, los padres deben tomar el control. Y no delegar en la sociedad, como está sucediendo ahora: “Que cierren antes los locales”, piden… No, oiga: ¡controle usted en serio a su hijo! A ver: dígale que si no se somete al volver a casa a un análisis antidroga -hay sistemas rápidos- no le dejará salir.

-¿Qué debe hacer un padre si descubre que su hijo de 12 años ha empezado a fumar?

-Puede decirle: “Mira, tú puedes fumar o no fumar. Ya sé que si decides fumar te sentirás mayor, más importante. Pero si decides no fumar… ¡te sentirás aún mucho más importante! ¡Descúbrelo tú mismo!”.


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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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