La vida es acción y experiencias – Reflexiones de Mariano Merino

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La vida es acción, no inmovilidad. El Universo nos regala experiencias, con distintos grados de intensidad, y ellas van perfilando nuestra vida. Pocas experiencias son tan intensas como el encontrarse solo, en medio de los cerros, y en medio de una tormenta de montaña, en la altura. Comienza a oscurecerse el cielo. Los relámpagos y refucilos juegan entre las nubes negras, como muchachos traviesos, persiguiéndose. Algunos rayos caen a la tierra, cerca de nosotros, con un estruendo ensordecedor, como chasquidos de un látigo sideral: es Zeus que se entretiene con nosotros. Se siente la presión del aire en el pecho y hasta cuesta respirar. El cielo se hace más y más azul oscuro, casi gris negro, con pinceladas blancas y grises de las explosiones eléctricas. Los truenos retumban como tambores, secos, sordos, impresionantes, llenan el alma de inseguridad y opresión; pareciera que estallan a nuestro lado. Y de pronto se desata la lluvia, que en esas alturas es casi horizontal, llevada por las ráfagas de viento agresivo. No hay donde guarescerse ni donde plantar una carpa, asi que no queda otra alternativa que sentarse en la posición de loto, taparse con lo que sea, y esperar y disfrutar del infierno en la tierra, rezando para que un rayo no nos venga a abrazar. En esa excursión a Las Cuevas, estuve toda la noche en esa posición, mojado hasta estilar, durmiendo a ratos y como podía, pero el espectáculo era formidable, intenso, inolvidable. La sensación era equivalente a un orgasmo con la mujer que se ama. La primera foto muestra el comienzo de la tormenta, cuando las nubes se acercaban reptando en el cielo, como advirtiéndonos de lo que vendría.

La segunda foto fué tomada al amanecer del día siguiente, cuando la tormenta pasó y la niebla del suelo mojado comenzaba a cubrirlo todo. Ni rastros de la tormenta. Fue como un  amor fugaz, lleno de pasión y alboroto. Fue un lindo recuerdo. Fué como la travesura de un niño celestial que nos quiso usar de juguete. Los dioses del Olympo  quisieron entretenerse conmigo, pobre aventurero. ¡Cómo se habrán reido por mi atrevimiento de entrar a sus sagrados dominios! En seguida, una taza de café caliente reconfortante acompañado de galletas energéticas, y a estarse toda la mañana completamente desnudo en esas alturas, haciendo ejercicios para evitar la hipotermia, esperando que la ropa, los zapatos, el equipo, las provisiones, se secaran. Luego… a seguir caminando, que aún no ha nacido la tormenta que detenga a un ser humano cuando éste no quiere. Aunque sea una tormenta en plena montana.

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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