No conseguirás nada solo, al menos nada importante – Entrevista a Richard Boyatzis, coautor de “El poder de la inteligencia emocional” (Lluis Amiguet, 131005)

richardboyatzis

Tengo 59 años: me preocupa tanto hacer algo útil como divertirme haciéndolo. Nací en Queens. Fui ingeniero aeroespacial en el MIT, pero preferí a las personas y me doctoré en Psicología en Harvard. Creo que sanidad, vivienda y educación deben ser gratuitas y universales. Enseño en Esade y publico Relaciones resonantes (Deusto)

-Siempre habíamos pensado que eres mejor cuanto más sabes…

– ¿Y no es así…?

– En los años ochenta, los investigadores descubrimos que el líder no se distingue por su talento científico o técnico, sino por la calidad de su relación con los demás.

– ¿Así nació la inteligencia emocional?

– El término lo acuñó Goleman, colega doctorando, y me consultó. Comprobamos y publicamos que, a partir de un nivel de conocimientos, la inversión en saber se rige por una ley del beneficio marginal decreciente.

– ¿Mande?

– Aprender a leer supone un esfuerzo, pero la compensación es enorme. En cambio, cuando ya tienes un doctorado en Física y otro en Económicas, un tercer doctorado exige otra gran inversión con muy poco retorno: no te hará más líder ni mejor persona.

– ¿No te hará saber más?

– Creemos que a partir de cierto nivel, esa acumulación de conocimientos puede alienarte de los demás y volverte un raro empollón. Si tienes un coeficiente de inteligencia de más de 110, el hacer el gran esfuerzo para llegar a 130 no te va a hacer mejor.

– ¿Es malo saber mucho?

– Si te distancia de los demás, sí. El líder no habla a su pueblo desde la montaña, sino que está siempre con ellos en permanente contacto emocional…

– De buen rollo con la peña.

– Es imprescindible esa sintonía, porque en este mundo no conseguirás nada solo, al menos nada importante. Así que tus esfuerzos tienen que ir dirigidos no tanto a saber más que los demás, sino a aprender con ellos.

– ¿Cómo?

– En eso andamos ahora. En 1995 publicamos La inteligencia emocional y fue un éxito porque hacía hincapié en el carácter holístico del ser humano: no somos mente y cuerpo, razón y emoción, sino todo. No se puede educar sólo la razón y olvidar el resto; en realidad, ni siquiera puedes pensar tú solo.

– ¿No hay sujeto pensante?

– Pensamos en red grupal: nuestro pensamiento acaba orquestándose con el de nuestro grupo en una red social que mimetiza a la neuronal…

– ¿Cómo mejorar esa inteligencia?

– Le voy a dar cuatro líneas de trabajo: fíjese en los grandes de la humanidad…

– Gandhi, Mandela, Luther King…

– Cualquier líder que deje una herencia que perdure; se distinguen porque construyen relaciones resonantes en su entorno humano, relaciones con significado, que perduran.

– ¿Cómo lo consiguen?

– Crean un tono emocional positivo.

– ¿Besos y abrazos?

– No se trata de ser kumbayá, sino de definir un objetivo que sirva a todos.

– ¿Cuál?

– No puede liderar a su gente anunciándoles que la gran aspiración de todos es aumentar sus beneficios un 50 por ciento anual…

– Eso es un buen objetivo…

-… Sólo para el dueño y sus accionistas. Si pide sacrificios, debe ofrecer objetivos que sirvan a todos. Supongamos que usted es un gran editor, debe explicar a su gente para qué trabajan todos creando contenidos: “Para servir a la gente informándola, estamos construyendo un futuro mejor…”

– Suena a campaña institucional.

– Un líder tiene que dar una visión de futuro altruista, no un plan de ventas. El líder natural está en contacto continuo con la gente, con las mentes y corazones de todos.

– ¡Qué estrés!

– ¡Exacto! ¡Va usted muy bien!

– ¿De verdad?

– No hay nada más extenuante que tratar de liderar a miles de personas, por eso los malos líderes tienen el síndrome del sacrificio: están quejándose todo el día de lo mucho que hacen por el pueblo o la empresa sin ser correspondidos.

– Conozco el paño.

– En cambio, los grandes líderes emocionales extraen su energía de su propio trabajo.

– Suena todo un poco esotérico.

– Yo soy un científico y le hablo de pura bioquímica. El líder renueva su energía al mismo tiempo que la invierte en el grupo. Utiliza técnicas de renovación que usted tal vez no habrá experimentado con las masas…

– De momento, no.

-… Pero tal vez sí jugando con su perro o sus hijos o una mascota (los peces no sirven). Esa relación empática disminuye el pulso y la tensión sanguínea, mejora el sistema inmunológico y, sobre todo, ¡abre áreas del cerebro habitualmente cerradas!

– En cambio, el estrés bloquea.

– Porque generas corticoides, hormonas que detienen la neurogénesis. Chíllele a un niño y verá que se bloquea y no puede aprender nada, pero si sabes relajarlo, absorberá sus palabras como una esponja. Si usted sabe obtener esa energía de los demás, estimulará su neurogénesis y renovará, literalmente su cerebro, abriendo neurocircuitos que le permitirán pensar mejor: ¿a que es usted más creativo relajado un domingo con los amigos en el pub que bajo estrés en la redacción?

– El ocio abre mi mente fecunda.

– Literalmente, es así. Lo que hace esa relajada empatía con su gente es despertar el sistema nervioso parasimpático; se cierra así el círculo: usted les da energía y la obtiene de ellos.

– ¿Sólo se consigue siendo simpático?

– Además del contacto humano, hay otras técnicas de conseguir ese efecto: el taichi, rezar a un dios bondadoso, meditar. Fíjese en que siempre debe hacerse varias veces al día, para activar la neurogénesis. Si se perfecciona, lo logrará con una simple sonrisa.


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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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