Mariano, aún no has nacido – Cuento zen, nada zen, escrito por Mariano Merino

almas

Bueno Ricardo, eres mi médico de cabecera, ya me has interrogado acerca de toda mi vida y hecho muchos análisis y pruebas. Llego la hora de que me digas qué me sucede. Soy un hombre fuerte, y ya he vivido lo suficiente. No tengas reservas en decírmelo con toda confianza.

El médico se movió inquieto en su silla. Tomó sus lentes y los miró contra su ventana, buscando una posible mugrecita que sabía inexistente. Carraspeó varias veces. Por fin, enfrentó al hombre sentado al otro lado de su escritorio, Mariano, su amigo, que esperaba con una ansiedad mal disimulada.

Mariano. Nos conocemos hace mucho y durante todos estos años hemos sido muy amigos. Te diré exactamente cuál es tu problema, que por lo demás es muy raro. Recuerda que me viniste a ver después de tu rompimiento con Isabel porque no te explicabas su súbita decisión. Todo iba bien con ella hasta que de repente tuviste actuaciones extrañas, impensables en alguien como tú, y de tal intensidad y agresividad que provocaron que la mujer que amas terminara con temor de estar a tu lado. Lo extraño fue que durante el tiempo anterior nada hacía presagiar tal cambio…

El hombre maduro recordó esos momentos y cerró los ojos. Daría su vida por volver en el tiempo y comenzar de nuevo, o hacer desaparecer esos días de su vida. Pero ya todo estaba hecho. Volvió a prestar atención a su amigo.

Tú sabes que hay teorías que hablan de que somos reencarnaciones de personajes que han vivido anteriormente. No se sabe si es verdad. Lo que sí se sabe es que nuestra alma sí vive antes de nosotros, y cuando estamos saliendo de nuestra madre llega desde algún lado y ocupa nuestro cuerpo. Y nos acompaña por el resto de lo que será nuestra vida terrenal….

Mariano miró a su amigo con curiosidad. No se explicaba adonde conducía esa explicación.

En el caso tuyo, saliste del vientre de tu madre e hiciste una vida común, diría que bastante feliz y exitosa. Encontraste al amor de tu vida. Tuviste una vida holgada y tranquila. Pero, en tu relacionamiento siempre hubo algo que llamaba la atención: cada vez que tu felicidad era máxima, algo dentro de ti se revolvía y cometías alguna acción o tomabas una decisión que atentaba en contra de tu propia felicidad. Tú no te dabas cuenta, los efectos los sufrían los que te aman o te aprecian, pero los resultados eran los mismos: terminabas sintiéndote infeliz y perdías a las personas importantes para ti. Era como si tuvieras dentro de ti un demonio que cuidaba de tu infelicidad, así como todos tenemos un ángel que se encarga de nuestra felicidad.

Pero ¿cómo se explica el éxito profesional y económico que he tenido y que me ha hecho tan feliz?

Ese éxito nació de tu instinto natural de supervivencia, que te hizo manejar exitosamente tus mecanismos de defensa y de evaluación del costo y beneficio. Siempre tomaste decisiones adecuadas, siempre supiste identificar y encontrar a quien te pudiera ayudar, siempre supiste identificar la oportunidad y aprovecharla. Pero, en contra de lo que piensas, nunca te hizo feliz….

Era verdad. Aunque nunca lo diría a nadie, Mariano sabía que todo ese éxito era superfluo para él. Disfrutaba de toda clase de comodidades pero no era un hombre feliz, todo lo contrario. Nunca pudo tener lo que siempre buscó, el amor de una mujer. Pero calló nuevamente, y siguió escuchando.

¿Y qué tiene que ver todo esto con aquello de que nos reencarnamos  y eso de que nuestra alma llega en el momento del parto?

Allá iba. Tu éxito material nace de la excepcional adaptación de tu soma al entorno y al ambiente en que te has desenvuelto. Tu cuerpo ha sido totalmente reactivo, y por lo tanto exitoso. Pero tu alma… por alguna razón que no podría precisarte no ocupó tu cuerpo en el momento en que éste abandonaba el de tu madre. Se quedó a medio camino. Quizás está en algún lado. Lo concreto es que no ocupó tu cuerpo. Por eso, cuando tu felicidad con alguien alcanzaba los niveles más altos, tu cuerpo reaccionaba negativamente porque no está diseñado para manejar y administrar la felicidad; sólo el alma lo puede hacer.

No te entiendo, Ricardo.  Realmente no entiendo. ¿Alma, Isabel, felicidad? No entiendo.

Es simple, Mariano. Simple de entender aunque no sabemos explicarlo. Sufres de una incapacidad innata para ser feliz al lado de alguien. No puedes conocer ese estado inefable de felicidad proveniente del amor porque… no tienes alma. Lo que te sucedió con Isabel ha sido la historia de toda tu vida. Mariano, tú aún no has nacido; sólo nació tu cuerpo.

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2 comentarios

Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

2 Respuestas a “Mariano, aún no has nacido – Cuento zen, nada zen, escrito por Mariano Merino

  1. mizentido

    Me pregunto si puede existir un cuerpo sin alma encarnada…, creo que si está el cuerpo de Mariano, su alma está encarnada en él, aqui, ahora y en la tierra. ¿ O me equivoco ?
    Quizás lo que le falte a Mariano en algunos momentos sea un poquito de corazón, corazón espiritual, claro…, algo que su conexión con la conciencia quizás pudiera ayudar a mejorar…
    Esta fue mi reflexión en la noche de ayer, ¿ Puede haber un cuerpo sin alma ? Es mi intuición , nada que pueda demostrar científicamente ni filosóficamente…
    Como muchas de éstas…, muy linda narración

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