¿Necesitamos a Dios? No. ¿Para qué? Tenemos a los sacerdotes corporativos – Reflexiones de Mariano Merino

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Recuerdo una frase de Osho (lo que no recuerdo es en cuál de sus libros):  Jesús no fue cristiano ni Buda fue budista. Ninguno de los dos vino a este mundo a fundar religiones; fueron sus seguidores las que las fundaron, cuando se dieron cuenta de que eran buen negocio. ¡Cómo no iban a serlo! Bastaba con redactar una lista de restricciones y miedos y vendérselas a los incautos, a cambio de su atención y su dinero. Ni Jesús ni Buda querían eso… pero ahora tenemos a la Santa Iglesia Católica entronizada en el mundo material y por el lado del budismo vemos aparecer templos por todo el mundo y a budistas pidiendo donaciones para levantar más. También vemos dogmas, pese a que los budistas niegan que lo sean: un budista se forma a partir de un Maestro; sin Maestro no hay budista. O sea, no solamente levantamos templos sino que también aseguramos su sostenibilidad. Una mano lava a la otra.

¿Quienes usufructúan de este estado de cosas? Los sacerdotes. Los mismos que en la edad media se dedicaron a quemar gentes, los mismos que se han aliado permanentemente con los poderes terrenales para ayudarlos a dominar y mantener tranquilos a “sus ovejas”. ¿Y las ovejas pueden opinar? ¡Claro que sí! Con distintos efectos, por supuesto, que han ido desde la muerte en la hoguera o en la tortura (en tiempos pasados) hasta la excomunión (en tiempos modernos). Protesta, oveja, pero a tu propio riesgo.

¿Eso es lo que querían Jesús y Buda? ¿Crear clases ociosas y abusadoras? ¿Crear poderes temporales, dueños de vidas y haciendas en este mundo? No. Si se estudian sus enseñanzas, ellos vinieron a liberar al ser humano, cada cual a su manera; pero a liberarlo de la ignorancia, no a hacerlo caer en un tipo de ignorancia peor, el fanatismo. En esto, los sacerdotes (curas, monjes, lamas, rabinos, pastores, como se llamen) han hecho un trabajo de fina joyería: serás ignorante solamente cuando no creas en lo que yo te digo. Si crees, serás aceptable e incluso te irás al cielo.

¿Son necesarios los sacerdotes y las iglesias, de cualquier denominación? ¿Son necesarias esas enormes burocracias? Porque eso son, burocracias. Hacerse esta pregunta equivale a preguntarse si son necesarios los chupacabras. La respuesta es Sí, son necesarios. ¿Para qué? Para servir de metros de medida para evaluar nuestros niveles de consciencia superiores a medida que los vamos ganando… y vamos tirando a esos burócratas al desván de lo inútil. Para nada más. Ellos mismos se apoderaron de la condición de intermediarios entre el hombre y la divinidad, pero cuando lo hicieron se dieron cuenta de un detalle: lo divino era débil, muy débil por ser ilógico, y ese pequeño detalle era muy peligroso porque le daba vulnerabilidad al andamiaje, a la Corporación. La socavaba desde sus cimientos. ¿Solución? Dejar a uno de los participantes de la ecuación en la más completa ignorancia; así no se darían cuenta del pequeño detalle. ¿Quién iba a cuidar de ese rebaño de ovejas obedientes? Los mismos que solucionaron el detalle, los sacerdotes. Así se aseguraban, por partida doble, su pega futura.

Y ahí los tenemos, curas, monjes, lamas, rabinos, pastores, como se llamen, dedicados a su noble labor de tratar de mantenernos sumidos en la ignorancia del dogma y los conceptos ininteligibles y los ritos extraordinarios. Unos se entretienen bautizándonos en agua, otros en cortarle la telita del pene a los pobres infantes, otros a enseñarnos frases salidas de las profundidades de la magia en tibetano y otros idiomas, otros en obligarnos a mendigar para ellos, otros en darse de azotes y mortificarse para que su Dios los mire embelesado como se torturan… Y todos, absolutamente todos, en mantenernos hipnotizados e ignorantes de nuestra verdadera misión en esta vida: ser libres, ser felices.

Es que la libertad y la felicidad son una amenaza para los sacerdotes corporativos: si la conocemos y conquistamos, se les acaba el negocio. Son los sacerdotes corporativos.

¿Y los budistas? ¿Es lo mismo? Es la misma tropa, es lo mismo. Mírenlos, construyendo templos por todos lados y vendiendo libros y cuencos y otras cosas. Ritos, ritos, para mantenernos hipnotizados. Y no les faltan seguidores, como en su tiempo no les faltaron a los cristianos ni a los musulmanes ni a los judíos. Ahí los tienen, saludándose en tibetano aunque hayan nacido en Macondo.  El budismo es una hermosa enseñanza, y no necesitas sacerdotes para acceder a ella; te bastan las 4 Nobles verdades y el Óctuple Sendero, y sentirlo y practicarlo. Pero eso era demasiado simple, y los sacerdotes se encargaron de tapiar la verdad detrás de muros de palabrerías y pasos mágicos. El Universo te dió al mejor sacerdote, tu entendimiento, tu capacidad de razonar y de sentir… ¿Necesitas a un sacerdote para que te la enseñe? ¿Necesitas a un sacerdote corporativo para hacerte sentir? Si lo necesitas, quiere decir que estás muy mal… mucho más mal que lo que imaginó Sidharta Gautama el Buda.

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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