La esencia de la mujer en el Bushido

El ideograma chino designado “lo misterioso” y “lo incognoscible” se compone de dos partes: “joven” y “mujer”. En diferentes mitos, este misterio a alcanzar que representa la Dama, hace que el Caballero emprenda la acción (buscar un tesoro, un castillo…) para descubrir y conquistar lo que le falta. Lo cual no exime a la Dama de la acción o vocación heroica.

En el antiguo Japón, el papel femenino estaba relacionado con el amor y el orden dentro del hogar. ¿Pero cómo relacionar entonces a la guerrera con la atenta ama da casa, o con esa misteriosa Dama que custodia la causa de la acción del héroe?

Estos aspectos no eran incompatibles con los preceptos de la Caballería y la Dama los contenía a todos, tan sólo variaba según la circunstancia histórica, cultural, social, etc., así como tampoco era lo mismo una amazona con el hacha, que una dama victoriana con un puñal en su escote o que una practicante de Tai Chi en China…

El Bushido tenía en gran estima a la mujer que habiendo adquirido más control sobre los defectos propios de su sexo, ponía en acción un digno valor. Una mujer no imitaba las artes del hombre, sino que descubría sus propias y valiosas virtudes femeninas, para luego poder complementarse ambos armónicamente.

Para ello, se les enseñaba a controlar las emociones, a fortalecer las actitudes y a manejar armas como el sable de larga empuñadura (Nagi-nata), pero no para servir en un campo de batalla físico, sino que tenía un fin individual. Su arma representaba sus virtudes y con ella defendía su honor, lo cual trasmitía a los niños y a los más jóvenes.

Así, llegadas a la pubertad, se dotaba a las jóvenes con dagas (Kai-Ken) y se les instruía para poder enfrentarse contra un oponente, o si fuera necesario, clavarla en su propio pecho; era un deshonor no conocer la manera exacta de usarla en caso de tener que proteger su inocencia.

Practicaban también la música para purificar el corazón, la danza, para, entre otras cosas, adquirir flexibilidad a sus movimientos. Estudiaban literatura y artes de adorno como formas de potenciar la cortesía.

No se trataba de fomentar la vanidad, ni de cuidar un parte estética del cuerpo, sino de buscar la Belleza, la cual no se plasmaba sólo en la música y danza, sino también la necesidad de su Alma Bushi de “capturar” lo Bello en un movimiento de la daga o el sable, sin que interviniera el deseo. Sólo la hoja limpia y el corazón.

En el viejo Japón, como en todas partes, había mujeres con mayor o menor carácter marcial, pero la idea de proteger el fuego del hogar era mutua. Era un honor alimentar el fuego que unía a los seres queridos y era un honor custodiar el Fuego que contenía el Bushido.

Cierto es que la mujer no ocupaba filas en el campo de batalla. No portaba espada, porque ella era la espada. Así, vemos como las Damas eran estandarte de los Ideales por los cuales el guerrero luchaba.

Si recordamos a Ginebra, ante la caída de los Caballeros de la Tabla Redonda en un ciclo oscuro durante su búsqueda del Grial y la pérdida momentánea de esperanza de Arturo, Ginebra es la que guarda la Espada Excalibur y luego se la vuelve a entregar generosamente a Arturo. La Dama contenía las Virtudes a desarrollar en la guerra. De este modo, ella es la Sabiduría y el Amor por los oponentes.

Inculcaban a las jóvenes hacia la dulzura. Esto se ejemplifica en un poema escrito por un príncipe de Zirakawa:

“Por más fuerte que se deslicen hasta nuestro lecho, en los silenciosos insomnios de la noche, el suave perfume de las flores, el sonido de las campanas, el zumbido de los insectos en la noche helada, no los rechacéis; amadlos más bien. Aunque ellos pueden disgustaros, vuestro deber, sin embargo, es perdonar estas tres cosas: a la brisa que deshoja vuestras flores, a las nubes que os esconden la luna y al hombre que os busca una querella”.

La caridad se ve reflejada en la capacidad de la mujer de salvaguardar la vida y en la entrega inherente hacia el ser que esté necesitado de sustento físico o espiritual. La Dama lo acoge bajo sus alas y le da Luz.

El Maestro Morihei Ueshiba, fundador del Aikido, describía lo que percibió al llegar al estado de Satori (Iniciación Guerrera) como: “La naturaleza del Budo es el Amor de Dios, el Espíritu de su amorosa protección hacia todos los seres”.

Las Artes Marciales como Vía de Conocimiento siempre ha impulsado a la Humanidad. El papel de la mujer en el mismo aparece actualmente difuso debido a la falta de una aproximación a sus valores esenciales.

Si recurrimos a las fuentes originales, tanto interiores como exteriores, descubrimos un pedazo de nosotras en la Dignidad de las amazonas, en la Fortaleza de las espartanas, en la activa Serenidad de las japonesas de la antigua casta Bushi…

Fuente:  http://www.bodhidharma.com.ar

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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