La memoria esta hecha de tiempo – Entrevista a Antonio Tabucchi, novelista (Nelson F. Padilla, elespectador.com, 210210)

Es uno de los escritores europeos más reconocidos en el mundo, no tanto por la cantidad de libros que vende, sino por la fuerza y la economía narrativa con que los escribe. Le han concedido el Premio Jean Monnet de Literatura Europea; el Campiello, el Scanno y el Frontiere 2010, en Italia; el Médicis, en Francia, y el Francisco Cerecedo, en España. En Colombia y en Latinoamérica se convirtió en autor de culto desde que tradujeron al español Sostiene Pereira, su obra más celebrada, llevada al cine por Roberto Faenza y Marcello Mastroianni. Para él, si la vida de cualquier persona no es convertible en un relato, no vale la pena.

Para acercarse a su depurada técnica, de estructuras abiertas y ambiguas, de prosa dialogante, hay que entender la conexión con el poeta portugués Fernando Pessoa y descifrar las pistas que riega en Autobiografías ajenas, los ensayos sobre su obra; La gastritis de Platón, donde analiza el papel y el compromiso de escritor, y Los volátiles del beato Angélico, reflexiones en honor al santo preferido de este escritor ateo, amante de las estrellas.

Antonio Tabucchi somete al lector con distanciamiento, suspenso, incertidumbre, enigmas. Su tono es alucinante, raya en lo esquizofrénico, perturba. Y él no parece tan oscuro. Más bien gentil, pícaro, irónico, con una visión del mundo a favor de los perseguidos, los perdedores, las minorías, las ideas de izquierda.

Maestro: en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, en marzo, se presentará la obra ‘Nocturn’, inspirada en su libro ‘Réquiem’. Es un montaje de la compañía Circol Maldá, de Barcelona. ¿Qué sabe de ella?

La conozco, la vi en Barcelona, me ha gustado muchísimo. Es una cosa muy bella, llena de sugestión, de atmósfera, hecha por un gran realizador.

Se ha dicho aquí que usted va a venir a Bogotá para el estreno.

No he sido invitado ni tengo previsto ir. Quisiera conocer Colombia, pero soy viejo y un viaje tan largo me cansaría demasiado.

Esta semana lanza en Europa y en un par de semanas en Colombia su nuevo libro de cuentos ‘El tiempo envejece deprisa’. ¿Está inspirado en la antigua Europa comunista?

Y fascista. Es bueno especificarlo (ríe a carcajadas roncas). En realidad tiene que ver con el tiempo. Estamos hablando, usted desde Colombia, yo desde Francia, el tiempo que estamos viviendo es el mismo y el libro se pregunta cuál es ese tiempo, el de la posibilidad de hablar desde dos continentes por un teléfono. Otro ejemplo: usted envía su dinero, ojalá lo tenga, a un banco de Suiza o yo envío mi dinero, si lo tuviera, a un banco de las Islas Caimán con un mail, es instantáneo, un flash. Es diferente este tiempo a cuando usted iba al banco con las notas del dinero en el bolsillo. Es sobre el tipo de tiempo que estamos viviendo todos ahora. En este sentido me interesó la Europa del Este que acaba de entrar a Occidente trayendo consigo un tiempo distinto, un calendario diferente.

Otro factor determinante de sus escritos es la memoria.

Sí, porque la memoria está hecha de tiempo. Si se pierde la memoria de los hechos que ya pasaron, también se pierde el tiempo. Y en este momento me parece que el mundo está perdiendo el tiempo y, por tanto, está perdiendo la memoria. Me acuerdo de un importante obispo que estaba de paso por Argentina (el ultraconservador polaco Richard Williamson) y dijo que ¡el Holocausto no aconteció! El había perdido la memoria, pero lo más grave es que les imponía esta pérdida de la memoria a los otros.

¿Qué fenómeno es este que nos lleva a los colombianos, a los europeos, a casi todos a olvidar nuestras tragedias?

Vivimos una época de sobreinformación en la que se piensa en mucho y en nada. Si usted pregunta a muchos jóvenes en Europa quién era Hitler, le pueden responder que era un músico de rock o una persona muy buena. El cerebro del hombre está hecho de memoria, por lo tanto de tiempo, y debe ser cultivada.

¿La estructura del nuevo libro sólo se centra en Europa?

Son nueve cuentos que se desarrollan en varios sitios, por ejemplo uno en Bucarest, otro en Budapest, uno en Nueva York.

¿Va a venir a América Latina a promocionarlo?

Conozco Chile, Brasil, México, Cuba, pero no tengo previsto ir. El tiempo ya ha pasado para mí y por eso es que hablo tanto de este tema.

Usted sólo tiene 66.

El tiempo me pesa en las espaldas. He sido muy vagabundo, he viajado demasiado. Ahora tengo que encontrar el momento de hacer una pausa y quedarme en un sitio, aunque es muy difícil escoger el lugar.

Por lo que he leído, su vida transcurre entre la Toscana, donde nació y tiene sus libros, Lisboa y París. ¿Campo o ciudad?

No sé, estoy reflexionando. Soy campesino de origen, pero el campo me entristece. La modernidad de la ciudad es más cómoda.

La muerte es otro tema recurrente en obras como ‘Réquiem’ y ‘Tristano muere’.

Me interesa por cómo la está viviendo la humanidad, no tanto desde el punto de vista personal. La gente está pensando muy poco en la muerte, los hombres se creen un poco eternos en este momento, creen tener la eternidad en el bolsillo, están muy acostumbrados a ver cadáveres. Usted prende la televisión y los ve y piensa que los cadáveres son la muerte, pero son dos cosas distintas. No saben lo que es la muerte. La muerte es un gran misterio, no es un simple cuerpo sin vida, los hombres están habituados a ellos y ya no les generan ningún sentimiento, tal vez como ver un cementerio de coches.

¿Las guerras y la violencia son reflejo de eso?

Sí, porque quien no piensa en el misterio también tiene poco respeto por la vida y por el cuerpo. Hay muchas torturas en el mundo. No se entiende que el cuerpo es el albergue del espíritu, la cosa más sagrada.

¿Y cuál es su lectura personal de la muerte?

No la imagino porque me parece otra dimensión, como si estuviera durmiendo. No sé si será un sueño continuo. Como decía Calderón, si la vida es sueño o sueño la vida. No se puede imaginar lo desconocido, la privación de la vida, y por eso hay que tener más respeto por ella.

¿Cómo quiere que lo recuerden?

Como se recuerdan los otros escritores: alguien que tuvo un tiempo muy limitado para vivir en este tiempo y que pasó gran parte de su vida dedicado a poner por escrito lo que pensaba.

¿Una veintena de obras son suficientes o cuál le falta?

Siempre falta alguna cosa, si no, la literatura no tendría razón de existir. Sería necesario tener cinco vidas para poder escribir de los temas que el mundo nos ofrece. Y no hay alguno para privilegiar. Todo lo que existe merece ser contado si a una persona le interesa, así sea lo más humilde, no hay una jerarquía. La batalla de Waterloo no es más importante que la silla en la cual estoy sentado en este momento, porque la silla es una invención grandísima de la humanidad. Se podría escribir una gran novela sobre la silla.

¿En qué lugar está ahora?

Es un pequeño apartamento que tengo desde mi época de estudiante en la Universidad de París, cerca de la Sorbona.

¿Qué escribe por estos días?

Ahora no escribo. Estoy leyendo filosofía italiana.

¿Qué autor?

En este preciso momento un ensayo de un gran filósofo de la política social, liberal: Norberto Bobbio, que murió en 2004.

¿En literatura cuáles son sus referentes italianos?

Sciascia, el maestro siciliano, y Passolini.


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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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