¿Para qué te afanas tanto?

El Universo tiene su plan y lo sigue metódicamente. Ni se preocupa ni menos atiende los lamentos ni oraciones de las más humildes de sus creaturas, los hombres. No le importamos y tampoco debería importarnos. Ni siquiera se preocupa de si mismo. Todo se le va en fluir, en avanzar, paso a paso. Los que te quieren obediente y sumiso te han convencido de que eres el Rey de la Creación y el Hijo de Dios, y no eres más que el producto de mezclas químicas al azar. ¿Cuándo te lo creíste? ¿De veras te lo creíste? Eres un ingenuo. El Universo no se inmuta si miles de galaxias chocan y se destruyen, y tu saltas de una ventana al vacío porque los números no te cuadraron en tu economía. ¿No te encuentras ridículo por ello?

Haz como el Universo: fluye. Ya que estás aquí, haz aquello para lo que viniste, vivir. Dejas de preocuparte tanto por tu trabajo o tus inversiones, preocúpate por ti mismo y tu familia, por los que amas.

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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