La experiencia vital

Me pregunto ¿cuál ha sido mi mejor experiencia vital? ¿Haber visto a mi hijo recién nacido y escuchado su primer vagido? ¿La cara de mi madre? ¿Mi graduación? ¿Mi primer amor? Sin duda, son experiencias inolvidables, pero forman parte de mí y por lo tanto no puedo decir que me hayan marcado. Mi primera y más importante experiencia vital fue mi primer contacto con culturas extrañas, especialmente en mi caso en que apenas tuve mi diploma de profesional en mi mano, en lugar de buscar un empleo me escapé de los estrechos límites de mi realidad y salí a conocer el mundo, casi como mochilero. No me fui a las grandes ciudades; me fui a las espesas selvas amazónicas, a recorrer sus sendas, sus ríos caudalosos, a gozar de sus lluvias torrenciales y de su gente desnuda y hospitalaria, de su flora y de su fauna. Es sí que me marcó y me enseñó. Hizo de mí un hombre.

¿Hay que ser aventurero para lograr esas enseñanzas de la vida? Sí, pero no en el sentido de salir y viajar hacia tierras exóticas. Basta con mirar hacia tus vecinos, tus pueblos cercanos, tu mismo barrio, incluso a tus compañeros de oficina. Son parajes y personas que bullen de vitalidad y de deseos de compartirla contigo, y tu ni siquiera te das por enterado. Basta con ser curioso, tal como lo fuiste cuando tuviste 5 años. ¿Qué se hizo de ese niño?

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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