Conocerse es un misterio que no tiene muchas explicaciones

En una noche como ésta en la que somos capaces de generar condiciones apropiadas como éstas, es un regalo poder practicar juntos el zazen shikantaza. ¿En qué consiste esta práctica de meditación, transmitida de corazón a corazón, preservada a través del tiempo y conservada a la luz del espíritu? Consiste en dejarse estar, siendo perfectamente consciente de lo que uno es.


Cuando en un espacio de confianza básico, el practicante se hace uno e íntimo con la respiración (que lo atraviesa de arriba abajo) haciéndose partícipe de una conexión universal que va de la tierra al cielo y del cielo a la tierra, el meditador puede sumergirse sin miedo, con ecuanimidad y una enorme apertura, en los distintos niveles que forman su ser condicionado y no condicionado.

A través de la estabilidad y frescura corporal de una postura justa y adecuada, podemos ir accediendo al conocimiento íntimo y profundo de toda nuestra estructura psíquica, física, emocional, mental y espiritual. El trabajo serio, honesto y comprometido que hacemos con nosotros mismos es un acto de integración, liberación y trascendencia de esto que nos creíamos ser. Este es el primer voto que hace el practicante del Budismo Mahâyâna, poner su cuerpo y su mente al servicio de todos los seres, recorrido que comienza por el conocimiento íntimo y real de uno mismo.

Luego, a través de la práctica de la perseverancia, uno aprende a descubrir qué capas psicológicas conforman su carácter condicionado, qué patrones cognitivos le hacen percibir la realidad de una manera ilusoria y qué conductas de carácter lo tienen enconsertado en la estructura de un personaje que emite palabras, pensamientos y acciones como si fuese un barco a la deriva.

Un practicante serio y honesto del Budismo Mahâyâna es un hombre, una mujer, con capacidad de darse. Lo hacemos juntos, cada cual en su espacio íntimo y personal de transformación interior, pero apoyado a muerte, a vida, por los compañeros de la Sangha.

Así, igual que limpiamos el dojo, limpiamos nuestras impurezas kármicas, sentándonos y sintiéndonos en la confianza básica que nos une a todo, para poder hacer esto tranquilamente y de forma serena, para podernos sentar a la orilla del río de la existencia y observar cómo los cinco agregados que conforman nuestra individualidad, no tienen una sustancia real que los sustente.

Somos luz en la luz. Como es dentro es fuera, como es fuera es dentro. Algo está pasando esta noche en que lo estamos haciendo, lo estás haciendo como tantas veces repite este maestro. Permítete fluir en la estabilidad de este estado de presencia; sumérgete en el fondo del no pensamiento.

Autor: Kusen impartido por el maestro Denkô Mesa en el Dojo Zen Zanmai San el lunes 24 de abril de 2006

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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