El sermón del montoncito: el cambio. De la serie “Sea monje budista en 11 días… y muérase de la risa en el intento”



Hoy vamos a hablar del Cambio. Sí, con mayúsculas, porque no se trata de un cambio de dirección ni de sentido, ni un trueque de algo por algo, sino del CAMBIO, ese gran estado del cual muchos hablan pero pocos definen y menos entienden.  Hablamos mucho del río, ese gran montón de agua que fluye hacia el mar, y que usamos como analogía para representar a nuestra vida. Suponemos que ese río se lleva nuestras experiencias, pero ¿se han acercado a mirar qué es lo que arrastra un río? Mejor no lo hagan si no quieren ensuciarse. ¿Es que sus experiencias son así? Si lo son, lo lamento mucho. Pero miren con atención: las mismas porquerías que flotan en el río de la vida, son las que flotan en la vida del río.

Cambiar es reemplazar. En la mañana fuimos, en la tarde ya no somos los mismos. En la mañana éramos pobres ratas de alcantarilla y en la tarde potentados y señaladores de tendencias sociales. ¿Qué sucedió? Es el efecto del cambio, dice un monje. ¡Pamplinas! Es el efecto de que la estafa que estábamos preparando al banco nos resultó. Que cambio ni kharma ni ocho cuartos: cambiamos porque somos osados, atrevidos, piolas, no porque es la ley de la vida. En todo caso, esa ley es la de la credulidad, la ligereza y la ingenuidad.

¿Han cambiado ustedes a medida que caminan por esta vida? ¡Claro que han cambiado! Pero dense cuenta de en qué lo han hecho: han cambiado de dentista, de ginecólogo, de cantante favorito, pero en esencia siguen siendo los mismos. Si cambian es porque son adaptables, crédulos, se las charlan fácilmente. Si tuvieran carácter y temperamento, ni un gallego empecinado o un caballo con jáquima los hace cambiar.

¿Debemos cambiar? No necesariamente.  ¿Para qué hacerlo, si como estamos lo hacemos bien? Tendemos a mirar el cambio como una obligación cuando la verdadera obligación no es el cambiar sino el crecer de manera que no lo necesitemos.

¿Cuándo necesitamos cambiar? Los budistas somos afectos a las analogías, por lo tanto les planteo la siguiente… ¿cuándo necesitamos cambiarle los pañales a los bebes? La respuesta es obvia ¿verdad? Lo triste es que vagamos por la vida con los pañales todos sucios y oliendo a caca, y no se nos ocurre cambiarlos hasta que algún gurú nos latiguea con esas frases impresionantes a las cuales son tan adeptos. Pero la realidad es que caminamos llenos de cagandurrias en nuestra mochila y ni se nos pasa por la mente cambiarla. ¡Que cambien los otros, carajo!

Por último, ¿cambiamos? Si. Cambiemos de tema porque este no da para más. El único cambio que vale la pena es el de posición en la cama, para dormir mejor. Los demás, son juguetitos intelectuales.

Anuncios

3 comentarios

Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

3 Respuestas a “El sermón del montoncito: el cambio. De la serie “Sea monje budista en 11 días… y muérase de la risa en el intento”

  1. Che, Mariano, lo tuyo es groso.

    Abrazo

    Gassho.

  2. Pingback: Cambia… Todo Cambia… « El Banquero de la Libertad

  3. marisa

    buenisimo, me mori leyendo todos esos articulos”
    excelente tu blog.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s