El sermón del montoncito: el vacío. De la serie “Sea monje budista en 11 días… y muérase de la risa en el intento”

Los occidentales le tenemos miedo al vacío, a la nada, a esa vasta y desconocida extensión falta de todo porque la asociamos al término, al final, y por último a la muerte. Nuestro prurito de culpa nos exige estar siempre llenos de todo, atiborrar la mente de conocimientos y la vida de actividades. Quizás este es uno de los conceptos budistas más difíciles de entender para el que se interesa en el Camino. ¿Qué es el vacío?

Para el budista zen el vacío no es la nada sino la esencia. Es a lo último que llegamos cuando vamos deshojando la margarita o quitando las cáscaras a una cebolla. Es el fin de todo concepto que podamos haber fijado. Es el punto en que la partícula colapsada de la onda de probabilidad desaparece de nuestra realidad porque otra partícula nueva ha aparecido y la reemplaza. ¿Entendieron? Yo tampoco.

A ver, imaginemos a la más paradigmática de las partículas, la suegra. Llega a nuestra realidad montada en un sentimiento proyectado hacia otra persona, el “gordito” o la “gordita”, “amorcito”, o sea como llamemos a nuestro querido compañero/a. Ahí está, llenándonos la existencia (o sea, hinchándonos los kinotos) con sus dulces reclamaciones y quejas. ¡Mira lo que elegiste! ¡El ojito que tienes! ¡Y para eso te pagué la Universidad! ¡Cometiste el mismo error que yo cuando elegí a tu padre! En ese momento no existe vacío; menos va a existir si nuestra actitud es reforzar la partícula en cuestión, a reforzar nuestra realidad. ¡Pero señora! ¡No reclame tanto que pudo haber sido peor! Pero ¿Y si simplemente la ignoramos? ¿Si hacemos un ejercicio mental y la susodicha señora desaparece? En ese momento nuestra suegra se disolverá, se transformará en vacío, en su esencia ya no en su presencia. Será vacío total.

¿Hasta cuándo? Hasta que llegue la “gordita” o el “amorcito” y nos pregunte ¿Y mamá? ¿Dónde está que no la veo? No se amor. La última vez que la vi iba estampada en el radiador de un enorme camión recolector de basura….

Eso es el vacío. Un texto budista tiene una analogía muy interesante: una lámpara no es su foco ni su base ni el material de que está hecha ni el cable eléctrico… Si no hay nada de eso agrupado en una forma, no hay lámpara. Y sin embargo, la lámpara existe. Es y no es al mismo tiempo. Eso es vacío. La lámpara es vacío. Como la suegra.

¿Entendieron ahora?

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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