El budismo plantea problemas del mundo real – Entrevista al escritor Jesús Aller

Puede leerse como un texto autobiográfico y rotulado en hojas de palma por un monje llamado Subhuti, a principios del segundo milenio, cuya custodia se habría mantenido hasta nuestros días en el monasterio Maha Gandayan de Amarapura, cerca de Mandalay (Birmania), al cuidado del venerable bibliotecario Lun Sein. O comprender que el autor, Jesús Aller (Gijón, 1956), nos propone un juego literario al modo de los manuscritos apócrifos. Las dos lecturas son igual de pertinentes y luminosas. El pensamiento budista configura la sustancia de la narración que lleva por título ‘Subhuti. Fragmentos de una vida’, (Llibros del Pexe, 2006).

-¿Cuándo comenzó su aproximación a las culturas orientales?
-Desde muy joven. Mi formación es científica, soy profesor de Geodinámica Interna en la Facultad de Geología de la Universidad de Oviedo; pero la ciencia no resuelve todas las incógnitas. Y la religiosidad tradicional de Occidente, siempre me ha dejado bastante insatisfecho. Así que comencé a leer cosas sobre budismo e hinduismo. Y no encontré las respuestas, pero sí el modo de hacer las preguntas. Tienen un mensaje muy higiénico.

-¿Y de las lecturas pasó a los viajes por los países asiáticos?
-Al hilo de ese interés, viajé por Asia en el año 2000, por India, China, Nepal, Camboya y Birmania. Y de ahí surgió el libro ‘Asia, alma y laberinto’ (Llibros del Pexe, 2002), en cuyo capitulillo final ya aparece el personaje de Subhuti, que ahora creí que merecía la pena ampliar.

-¿Usted se siente budista?
-Si se mira bien, el budismo actual, el que encarna el Dalai Lama, no es muy distinto en sus manifestaciones externas de lo que representan el cristianismo y el Papa. El budismo es más antiguo que el cristianismo y tiene una historia muy complicada. El budismo zen tibetano conserva elementos positivos de las viejas fuentes. Así como algunos maestros birmanos. Pero en ningún caso me identifico al ciento por ciento. Aplico una racionalidad crítica.

-¿Da crédito a la reencarnación?
-Ese es un error que procede de interpretaciones occidentales. Un concepto metafísico y antibudista. El budismo habla de la disolución del yo.

-Y ahí nos encontramos con una paradoja esencial, ¿se puede ser no siendo?
-Es una de las cuestiones fundamentales en el libro. Esa visión dual de la realidad entre el observador y las cosas que están fuera, produciéndole deseos y sensaciones. El análisis budista elimina todo lo que no es necesario y advierte que el observador no existe, sino las cosas que acontecen, capaces de urdir al propio observador. Nada permanece a lo que podamos llamar ‘yo’.

-¿Qué diferencia hay entre la nada, entendida como negación de cualquier existencia, y el vacío budista?
-El vacío budista conecta mejor con la física cuántica actual, donde el vacío cuántico adquiere capacidades creativas. El vacío budista se percibe a través de las cosas, por lo que se opone a la tradición filosófica en la que la nada es la negación absoluta del ser.

-¿Qué tipo de trascendencia invoca el budismo?
-El budismo creció dentro del hinduismo, que alentaba un sistema de castas terrible, al que se enfrenta. Y supone una revolución radical en el campo del conocimiento, apelando a un racionalismo estricto. La resolución de los problemas la plantea en la inmanencia, en el mundo real, donde no existe el tiempo, sino el curso de los fenómenos. No se pregunta por si seguiremos estando, como lo hace quien está capturado en el código del ‘yo’. Simplemente, estamos. Pero es necesaria una gran intensidad lírica para salirse del ‘yo’. Todo se va disolviendo y no hay una frontera precisa entre la vida y la muerte.

-Sin embargo, la muerte continúa siendo la gran preocupación de nuestra cultura…
-Hay un sutra (recitativo budista) en el que una gota de agua, tan frágil como los hombres, tan inestable, fugaz y perecedera, pregunta al Buda por las condiciones que ha de cumplir para no morir. La respuesta es sencilla: sumergirse en el océano.

-¿Pasar de la conciencia individual a la colectiva?
-No se podría decir de un modo más exacto.

Autor: Alberto Piquero –  Gijón.

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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