El caso de los mineros de Chile

Claudio Yañez quiere cerveza y un perro caliente. Esteban Rojas desea tener, finalmente, una boda de verdad en una iglesia con la mujer con la que lleva casado 25 años. Raúl Bustos quiere abrazar a su hija de cinco años.

Para los chilenos, estos hombres y sus colegas son conocidos simplemente como “Los 33”, los mineros que quedaron atrapados casi un kilómetro bajo tierra desde el colapso de la mina San José el 5 de agosto. Los hombres han capturado la atención del mundo al sobrevivir por más tiempo que casi todas las víctimas de accidentes mineros.

Con edades entre los 19 y 63 años, los mineros incluyen a un ex jugador profesional de fútbol, un inmigrante boliviano que apenas llevaba una semana en la mina, un ex marinero que tuvo premoniciones sobre el accidente y un hombre de más de 50 años que esperaba el nacimiento de su nieto antes que ocurriera el colapso de la mina.

Lo que los chilenos llaman “el milagro de la Mina San José” es un relato de cómo una adversidad increíble convirtió a este grupo diverso de mineros en una unidad férreamente disciplinada, cómo un multimillonario recién elegido arriesgó su reputación al dirigir su rescate y cómo sus familias nunca perdieron la esperanza.

La historia no está cerca de terminar. Le tomará entre tres y cuatro meses a un taladro de 30 toneladas perforar un túnel de 670 metros hasta la cámara en las que los mineros están refugiados. El plan es izar a los mineros uno por uno, un viaje que podría tomar 40 minutos por persona.

Mientras tanto, los rescatistas enviaron comida, agua y cartas a los mineros por un conducto de 10 centímetros que funciona como el cordón umbilical de los mineros. Los médicos están elevando gradualmente la cantidad de calorías que consumen los mineros, los cuales perdieron en promedio 9 kilos cada uno al racionar sus alimentos. El jueves, los mineros recibieron lo más cercano a una comida completa en semanas: manzanas cocinadas y pan con mermelada.

En un video presentado el jueves, los hombres, sin camisa, ojerosos y con barba de varios días, pero con grandes sonrisas, mostraron al mundo su hogar temporal. “Este es el famoso refugio”, dijo uno de ellos. Señalaron a un improvisado “casino” en donde juegan al dominó, que parece haber sido hecho a partir de pedazos de papel y demostraron cómo habían dividido las tareas que necesitaban para mantener el refugio en funcionamiento. Un minero lleva un diario de todo lo sucedido. “Sáquenos pronto de aquí” dijo otro, alumbrado por la luz espectral de la mina.

Los mineros pueden caminar un poco a través de algunos túneles que no están bloqueados, pero pasan la mayor parte del tiempo en un par de refugios que están relativamente bien ventilados y protegidos de derrumbes.

Psicológicamente y fisiológicamente, los mineros han entrado a un territorio que pocas veces se ha explorado, dice Jeff Dyche, psicólogo de la Universidad James Madison, quien estudió a submarinistas cuando se enlistó en la marina estadounidense.

Sin la luz del sol sirviendo como regulador, el cuerpo humano funciona cerca de 24 horas y media, dice Dyche, lo que significa que los mineros van a estar “completamente desconectados de la hora en el exterior”. Antes que los rescatistas los saquen de mina, asegura, deberán tratar de volver a sincronizar sus ritmos corporales, poniéndolos en los mismos horarios de sueño y actividad que la gente en la superficie. De esa forma, dice Dyche, “su reloj interno estará despierto y alerta al momento del rescate”.

Los rescatistas de la compañía estatal de cobre, Corporación Nacional del Cobre, han discutido si serán necesario tapar los ojos de los mineros durante el rescate o llevar a cabo la operación durante la noche, para no verse abrumados por la luz cuando salgan.

Por el momento, los rescatistas debaten cuánto control ejercer sobre las comunicaciones entre familiares y mineros. A principios de esta semana los familiares dijeron que los psicólogos del gobierno pidieron revisar las cartas que envían a los mineros para asegurarse que evitan tocar temas espinosos, como el hecho de que podrían no ser rescatados hasta navidad.

Luciano Reygada, cuyo padre se encuentra en la mina, dijo que un psicólogo le recomendó que no le dijera que esperaba que saliera pronto, sino que estaría esperándole cuando saliera. Los equipos de rescate han dicho desde entonces que dijeron pausadamente a los 33 mineros el tiempo estimado que tardaría el rescate, y los mineros parecieron tomárselo con calma.

La apremiante situación en la que se encuentran los 33 hombres ha abierto los ojos a muchos chilenos. Chile, una de las economías más avanzadas de América Latina, ha sido la favorita de Wall Street por su etos de libre mercado. Pero a pesar del auge de otras industrias, incluyendo las finanzas y la construcción, la minería sigue siendo la piedra angular de la economía, al representar su principal fuente de exportación y producción. El accidente y las tareas de rescate han permitido a los chilenos conocer a las personas responsables de gran parte de la prosperidad del país, pero que habían estado en gran parte escondidos del escrutinio público debido a la propia naturaleza de su trabajo.

Cuando los mineros comenzaron a cantar a viva voz el himno nacional tras el primer contacto telefónico el lunes, fue como si “no pudiéramos creer que todavía queden compatriotas así, de ese calibre y de esa madera”, escribió el profesor de ciencias políticas Daniel Mansuy en el diario La Tercera, de Santiago. Familiares de los mineros haciendo guardia encima de la mina lo expresaron de una forma más simple en un mensaje escrito sobre una bandera chilena: “Chile sin mineros no es Chile”.

Los mineros no tenían manera de saber lo que se avecinaba cuando llegaron a cubrir su turno ese jueves 5 de agosto. Al igual que muchos de los mineros, Yañez, que había trabajado ocho meses en la mina tras dejar un trabajo en la construcción, “estaba desesperado por un cheque”, dice su hermanastro, Pablo Lago. Carlos Mamani, un boliviano de 24 años que emigró a Chile en busca de trabajo, llevaba tan sólo una semana en la mina, dijo su hermano César Mamani a la televisión chilena.

Si bien Chile tiene en general un buen historial de seguridad minera, las minas pequeñas o medianas como San José han escapado a menudo del escrutinio de unas autoridades reguladores con personal insuficiente, según afirman sindicatos y expertos en seguridad laboral. Después del accidente, Piñera hizo cambios en la agencia reguladora y anunció que el gobierno adoptaría una posición más dura en el futuro.

La mina de 121 años de antigüedad, operada por la compañía chilena Minera San Esteban Primera, estuvo cerrada aproximadamente un año por las autoridades en 2007 tras la muerte de un minero en una explosión.

El colapso ocurrió alrededor de las 2 de la tarde, enviando a la superficie una gigantesca nube de polvo. “Sentimos que la montaña se nos venía encima, sin saber qué estaba sucediendo”, dijo Luis Urzúa, uno de los líderes de los mineros en una conversación telefónica con Piñera. “Luego vino una nube de polvo y por cuatro o cinco horas no pudimos ver nada”.

Los hombres perdieron la oportunidad de escapar por un ducto de ventilación en los primeros días de la crisis debido a que los gerentes de la mina no habían instalado una escalera de emergencia, tal como lo requiere la ley, dijo el ministro de Minas de Chile Laurence Golborne.

Los administradores de la mina no notificaron del accidente a los bomberos hasta seis horas después. El retraso en informar del evento forma parte de una investigación de las autoridades reguladoras y del Congreso chileno. Por su parte, los propietarios de la mina San Esteban han dicho que intentaron que las operaciones fueran seguras. Los propietarios no respondieron a solicitudes para hacer comentarios.

El accidente de la mina presenta un dilema para el presidente Piñera, un multimillonario con intereses en los sectores de aerolíneas y televisión que asumió la presidencia en marzo. El primer presidente conservador de Chile en dos décadas, Piñera ha prometido dirigir el país con la misma eficiencia que sus negocios. En una apuesta que podría haberle salido cara si hubiera fallado el rescate, el mandatario regresó precipitadamente de Colombia donde se encontraba en visita oficial para viajar a la mina, y desde entonces ha realizado otros tres viajes de seguimiento. “Fue una apuesta grande pero también muy importante en el centro de su mensaje político”, dijo el politólogo Patricio Navia.

Autor: Matt Moffett. WSJ

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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