El sermón del montoncito: vida propia. De la serie “Sea monje budista en 11 días… y muérase de la risa en el intento”

Nos levantamos temprano para ir al trabajo; allá nos espera un par de resmas de papel encima de un escritorio, y un jefe que nos vigila esperando que no levantemos la cabeza del mismo. Llegamos al computador y nos sumergimos en cálculos y modelos estrafalarios, que hacen ganar dinero a otros. Llegamos a la obra y nos esperan los de la cuadrilla, atentos a nuestras instrucciones. Llegamos a la escuela o la universidad y somos la presa de cientos de miradas “hambrientas” de saber (no de conocer sino de saber a qué hora terminamos con esa clase aburrida). ¿Por qué todo eso? Porque nuestra vida así nos lo ha definido: nacerás, crecerás, estudiarás, te emparejarás y germinarás, y para eso ¡trabajarás!

El trabajar es más que un imperativo social, es una acción de auto reconocimiento, es lo que nos hace ser nosotros mismos. El asunto no es el trabajar sino en qué. Ahí está el detalle. Si nacemos con la vocación de maestros, y trabajamos de maestros, entonces diremos que estamos viviendo nuestra propia vida. Así la quisimos siempre, así la vivimos. Pero ¿y si nuestra vocación hubiera sido la de corresponsal de guerra en conflictos ajenos? ¿O la de fotógrafo de espacios y paisajes naturales? ¿O la de atleta ganador del decatlón? Y resulta que nos miramos al espejo y somos… oficinista, maestro, jefe de cuadrilla. Entonces, no estamos viviendo nuestra propia vida. Eso causa sufrimiento, conflictúa nuestra relación con los demás y con nosotros mismos. Eso nos hace ser ajenos a nosotros mismos.

¿Hay maneras de cambiar ese estado de cosas? ¿De ser lo que siempre quisimos ser? Si, las hay, pero son todas caras y difíciles porque implican agregar cargas extras a la mochila que ya llevamos a la espalda. la más obvia y difícil es… cambiar, volver atrás, recomenzar nuestro camino por la vía que hubiéramos querido transitar. Eso implica dejar, abandonar, olvidar trechos ya hechos, con su cúmulo de experiencias y personas. Algunos lo hacen y en general les va bien, aunque a costa del sufrimiento del dejar atrás.

Otra manera es acometer la vida propia a través de desarrollar vidas paralelas. Es el argumento de maestro de día y talabartero de noche. Los hobbys se prestan mucho para este fin. Puedes desarrollar un hobby hasta el punto en que termine transformándose en la vida que siempre quisiste llevar. Tengo un  amigo que transitó por reste sendero y ahora es un eximio fabricante de muebles especiales, tallados, y sus piezas se las compran las embajadas y gentes de dinero. ¿Cómo comenzó? Como ingeniero químico a cargo del laboratorio de una gran fabricante de gaseosas. Eso le hicieron ser (su familia) pero él quería ser ebanista… y lo logró por el camino del hobby.

Una tercera es ser lo que otros quisieron, pero buscar y encontrar trabajo que satisfagan las capacidades y habilidades propias. ¿Quisieron que sea maestro de secundaria en matemáticas? Está bien, soy un maestro matemático pero me desempeño como maestro en educación física, que es lo que realmente me gusta.

No hay nada peor que vivir una vida ajena. Es un estado que carcome. En la medida que adquiramos conciencia de ello, tratemos de volcar nuestro camino hacia la vida propia, y eso se logra en la vida laboral, que es la más social de todas las vidas.

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior

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