El liderazgo natural

“Soy líder absoluto, organizo, mando y, como siempre, evitando mis genios. Pero lo más lindo es que se me respeta y no se hace nada sin que yo sepa”. El párrafo pertenece a una de las muchas cartas que el minero Mario Sepúlveda (41) ha enviado a su esposa, Elvira Valdivia, desde el fondo de la mina San José en Copiapó.

En la misiva, Sepúlveda retrata el rol que asumió los dos meses transcurridos tras el derrumbe, en el grupo de 33 mineros atrapados y que lo llevó a ser uno de los dos trabajadores que tuvo el primer contacto con el Presidente Sebastián Piñera, tras ser hallados con vida a mediados de agosto.

Sepúlveda bromeó con el Mandatario y le dijo que a la salida partirían a Bolivia y a un crucero. Además, recibió el saludo del presidente de la Conferencia Episcopal, Alejandro Goic, cuando éste visitó la mina, para oficiar una misa con los familiares de los mineros.

Para el resto de los chilenos, su nombre se hizo conocido tras protagonizar, como animador, el primer video que los trabajadores enviaron desde el fondo de la mina, mostrando su rutina y explicando cómo habían sobreviviendo 17 días bajo la tierra.

Luego, sería el conductor del resto de los mensajes audiovisuales enviados, incluido el que se presentó en la Fiesta Bicentenario del Estadio Nacional el 18 de septiembre. Por esta labor se ganó los apodos de “el periodista”, el “animador” e incluso “Nabih”, en alusión al participante de un reality show.

Este rol de Sepúlveda no era desconocido para los trabajadores ni para quienes realizan las labores de rescate. “Mucho antes de que se supiera que estaban vivos, cuando me tocó atender trabajadores, me decían ‘deben estar bien, el que podría llevarla es el Perry -apodo que le pusieron sus compañeros de trabajo-, que tiene que estar ocupándose de todo”, dice Jorge Díaz, director médico de la ACHS de Copiapó, quien participa junto al ministro de Salud, Jaime Mañalich, en las tareas de tratamiento sanitario de los mineros.

Bajo la mina

El 5 de octubre pasado, Sepúlveda estuvo de cumpleaños y sus compañeros lo festejaron: adornaron el taller con serpentinas y globos, le cantaron el cumpleaños feliz y hasta hubo torta con velas en la celebración.

Era una forma de reconocer la labor de este parralino, proveniente de Pudahuel -donde reside junto a su esposa y sus hijos Francisco (8) y Scarlett (18)-, y que hace tres años trabaja en la mina San José como electricista y removiendo tierra en el yacimiento en turnos de 15 días, tras los cuales viajaba a la capital para ver a su familia.

A diferencia del liderazgo de Mario Urzúa o de la labor médica que presta Johnny Barrios, Sepúlveda ha sido clave para animar a sus compañeros.

Según una fuente ligada a las tareas de rescate, en los primeros contactos con el grupo, este minero fue catalogado como un tipo carismático, con facilidad de diálogo, de hablar fluido y rapidez mental. Es “un motivador, pero no es que esté todo el rato tratando de subir el ánimo, sino cuando es necesario”, explica la fuente.

“Es difícil vivir con 32 personas tan distintas”, escribió Sepúlveda hace poco tiempo a su hermana Lucy, aludiendo al rol de mediador y motivador que ha cumplido bajo la tierra. “El les dice ‘a ver, calmemos el problema, busquemos una solución'”, explica su hermana respecto de las ocasiones en que ha debido intervenir en conflictos .

El grueso de su tarea ha sido organizar los mensajes que los mineros han ido enviando a la superficie y encargarse de las videoconferencias con autoridades y familiares. Es en este rol en que ha motivado a los mineros a aparecer en los videos grabados para mandar al exterior y que ha transmitido recados de los mineros que prefieren marginarse de las conferencias.

También ha reivindicado la labor de los trabajadores en los mensajes enviados. “Este es un mensaje para el pueblo entero, la familia minera no es aquella familia que conocieron hace 100 años. Hoy, el minero es un minero educado, es un minero que se puede hablar con él, es un minero que usted puede sacar pecho, compadre, y se puede sentar en cualquier mesa de Chile”, dijo Sepúlveda.

“Nosotros lo tenemos grabado en el patio, en la cocina. Siempre pide que lo graben. Yo no sé si se maneja o no con el tema de la televisión, pero estar frente a las cámaras no lo complica”, cuenta su esposa, Elvira Valdivia, desde el campamento Esperanza, sobre la facilidad con la que Sepúlveda ha asumido el rol de comunicador y vocero de los trabajadores atrapados.

Un niño retraído

A sus 41 años, Mario Sepúlveda es un hombre a quien la vida ha marcado por experiencias extremas. Su madre murió a los 15 días de su nacimiento en Parral. Por eso, él y una hermana dos años mayor debieron vivir con sus abuelos.

De niño era retraído e introvertido, al punto que en el liceo de Parral en el que estudiaba, pese a tener buenas relaciones con sus compañeros, era protegido por su hermana. “Un día le dije: ‘Tienes que aprender a defenderte, no puedo seguir haciéndolo yo'”, recuerda Lucy

Tras egresar del colegio, Sepúlveda ingresó al servicio militar. Una experiencia que, al parecer, lo marcó y por la que ahora el minero asegura que ha podido soportar el encierro bajo tierra. “Para que usted sepa, yo estoy entrenado para esto y mucho más. Tú sabes que soy como un perro. Y no te olvides, porque tú me conoces y aquí se me respeta ( ). ¡Gracias al Ejército de Chile por entrenarme en el servicio!”, escribió recientemente desde el fondo de la mina.

Tras el Ejército, su carácter cambió y desarrolló un liderazgo, que, sumado a su personalidad, le ha permitido figurar en organizaciones y lugares en los que ha participado: antes de llegar a la San José, fue dirigente sindical, y ha asumido cargos en el centro de padres en el colegio de sus hijos. En Copiapó, pensaba encabezar una lista para dirigir el sindicato de la accidentada minera.

Quienes los conocen cuentan que, además de jugar fútbol en equipos de barrio de la capital, el “Perry” posee gusto por la escritura. Testigos directos son sus hijos y su esposa, que diariamente reciben al menos dos cartas, donde junto con contarles que él está bien, intenta mantener el control doméstico de su casa. Desde el fondo de la mina, Sepúlveda continúa preocupado por su familia. “En las cartas me pregunta cómo está la casa, cómo se portan los niños, quiere que le contemos qué hacemos. Pese a estar abajo, igual intenta controlar y asegurarse que estemos bien”, dice su esposa.

Un sobreviviente

El derrumbe de la mina no es, sin embargo, el primer accidente que enfrenta. Hace seis años, cuando estaba en Santiago, le pidió a dos desconocidos que lo llevaran en el sector de Américo Vespucio Norte.

Era de noche, y desde afuera no vio bien sus rostros. Sólo cuando entró se dio cuenta de que eran dos menores de edad, que comenzaron a desplazarse a exceso de velocidad. Pese a que Mario les pidió que redujeran su marcha, ello no ocurrió. Sólo unos instantes después, fueron impactador por un camión.

Los dos adolescentes murieron. Mario resultó ileso.

A horas de que se concrete el rescate de Sepúlveda y sus 32 compañeros, su esposa sube al cerro donde se emplazan las banderas que los recuerdan y toma la de su marido. “Ya queda poco”, dice, consciente de que ésta será una de las últimas veces en que verá el campamento Esperanza desde las alturas.

Fuente: latercera.cl

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior, zen

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