La felicidad

“La felicidad es un estado de ánimo que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada y buena. Tal estado propicia paz interior, un enfoque del medio positivo, al mismo tiempo que estimula a conquistar nuevas metas. Es definida como una condición interna de satisfacción y alegría”.

A la luz de esta definición, que aparece en Wikipedia, parecería que el tema de la felicidad es un asunto claro y sencillo. ¡Pero qué difícil es alcanzarla!

A lo largo de la historia, el hombre ha buscado las respuestas para entender sus claves y conquistarla desde la filosofía, la religión, la economía, el esoterismo y hasta la ciencia, pero la ‘pócima mágica’ sigue sin ser revelada.

Lo más probable es que no exista una única fórmula para lograr lo que probablemente sea el mayor anhelo de los seres humanos, pero, lo que sí está cada vez más claro es que años y años de estudio nos dejan algunas importantes claves para avanzar en ese empecinado propósito de ser felices.

Cinco grandes expertos en el tema explican hoy los elementos centrales de sus caminos para tener una vida más feliz y plena.

Aplicar la idea budista del desinterés

Mark Epstein, psiquiatra budista.

Going to pieces without falling apart (Hacerse trizas sin desmoronarse) se llama el libro en que el destacado psiquiatra neoyorquino Mark Epstein trata el tema de la felicidad.

Budista desde hace varias décadas, este especialista en salud mental tiene la particularidad de tratar a sus pacientes enfocándose en el concepto del ‘ser desinteresado’, pero en un sentido positivo, es decir, en desprenderse del egoísmo y entregarse a los demás.

“El budismo -dice el especialista- pregona un tipo de felicidad distinto, que viene del dar a los demás. Se asemeja a la felicidad de una madre que no piensa en sus propios sacrificios cuando se da a sus hijos y que puede ser infeliz en muchos aspectos, pero en terminos generales es feliz porque sus hijos están bien”.

“Hoy, es común que la gente se perciba como sola, amenazada, aislada, en competencia con los demás, y esta es una mirada más bien distorsionada de la realidad, porque la verdad es que somos mucho más misteriosos de lo que creemos. Por eso, seremos más felices si no nos tomamos tan en serio todo”, y aquí es donde entra el desinterés positivo (selflessness): “una manera de ser feliz de manera más sustentable”, dice Epstein.

Alcanzar esto -continúa- permite librarse de lo que él llama nuestras ‘adicciones’, o “nuestros intentos de ser felices que nos hacen infelices”. “Las adicciones comienzan cuando uno intenta autogratificarse. La comida, el alcohol, las drogas, el sexo son algunas maneras de reconfortarse y si bien funcionan al principio, luego nos acostumbramos al resultado y queremos más y más para sentirnos como nos hacían sentir al comienzo. Y ahí se inicia la adicción”.

“La comprensión y buen uso del selflessness budista -concluye Epstein- alivia mucho a la gente”.

No vivir con el virus del afán

Carl Honoré Creador del ‘Slow Movement’.

La vida del periodista británico Carl Honoré se había convertido en una verdadera carrera contra el tiempo.

“Había llegado al punto de querer comprar una colección de cuentos para niños que se leen en sólo un minuto. Y, de repente, me di cuenta de que mi adicción a la velocidad se me había salido tanto de las manos, que estaba dispuesto a acelerar el momento más valioso que podía tener: leerles una historia a mis hijos al final del día”.

Y así nació una de las tendencia más comentadas del momento: el Slow Movement, o Movimiento por la lentitud.

“Una de las razones por las que muchas personas no se sienten felices hoy -dice Honoré- es porque han sido infectadas por el virus del afán”. Y explica: “Tratamos permanentemente de hacer caber más y más cosas en menos y menos tiempo, lo que nos lleva a poner la cantidad antes que la calidad en una dinámica asfixiante. En otras palabras, estamos corriendo a través de nuestras vidas, en vez de vivirlas realmente”.

La gente, asegura, tiende a tratar la felicidad como un un proyecto, algo en lo que se invierte tiempo, dinero y energía para lograr un resultado, pero para Honoré, la felicidad no es un fin en sí mismo. “No se puede comprar en una tienda ni bajar de un sitio web. La verdadera felicidad viene con el vivir una buena vida”.

Para lograrlo, el periodista recomienda buscar un camino propio rodeándose de personas que estimulan nuestras mentes y levantan el ánimo, llenando nuestras agendas de actividades que les dan sentido a nuestras vidas, y convirtiendo cada día en una aventura.

“El secreto -dice- es vivir una vida plena”. Y para ello, el primer consejo es dejar de tratar de ser feliz. Empiecen a vivir de verdad y dejen que la felicidad ocurra por sí misma”.

Las cosas se pueden cambiar

Catherine Birndorf Psiquiatra

Como psiquiatra experta en mujeres, la doctora Catherine Birndorf ha tenido la oportunidad de escuchar, en su consulta de Nueva York, a miles de mujeres que se quejan de que, a pesar de tenerlo todo, no son felices.

Eso la llevó a investigar el tema en compañía de la periodista Lucy Danziger, con quien escribió y publicó The Nine Rooms of Happiness: Loving Yourself, Finding Your Purpose, and Getting Over Life’s Little Imperfections: Las nueve habitaciones de la felicidad: quererse a sí misma, encontrar su propósito y pasar por encima de las pequeñas imperfecciones de la vida.

Según Birndorf, uno de los principales errores que cometen las mujeres es pensar que la felicidad puede ser un estado permanente.

“La felicidad es algo que uno puede sentir de vez en cuando, pero no siempre. Entonces, pensar que algo anda mal en nuestars vidas porque no se es constantemente feliz no es para nada realista”, dice esta psiquiatra.

Para ella la clave está en identificar los problemas que nos hacen infelices y ‘atacarlos’, como aprender a manejar mejor los conflictos.

“Mucha gente cree que si se lleva mal con su madre, siempre va a ser así. Pero la verdad es que si uno cambia su manera de pensar sobre ella o reflexiona sobre el tipo de relación que tienen y los problemas objetivos de la misma y sus propios errores en ella, es muy probable que esa relación cambie”.

“Solucionar esas pequeñas cosas -continúa Birndorf- nos hace más felices. Y la idea principal es que la gente valore los momentos buenos, los maximice y trate de multiplicarlos.

Consejos con una base científica

Sonja Lyubomirsky Psicóloga

Sonja Lyubomirsky es una de las personas que más han investigado el tema de la felicidad en Estados Unidos. Y lo ha hecho de manera científica. Psicóloga de la Universidad de Harvard con un doctorado de Stanford y autora de La ciencia de la felicidad, ella explica que ésta tiene dos componentes.

El primero es un sentido de satisfacción en la vida, es decir, tener la sensación de que uno va progresando hacia sus metas. Y el segundo es la experiencia frecuente de emociones positivas (como la alegría, el orgullo, la curiosidad, el afecto) y lo menos frecuente posible de emociones negativas.

“Se necesitan ambos componentes para ser realmente feliz”, asegura desde la Universidad de California en Riverside, donde enseña e investiga.

Según Lyubomirsky, la felicidad es en parte determinada por la genética. Explica que cada vez más estudios empíricos hechos con gemelos indican que cada persona nace con lo que llama un ‘set point’ de felicidad, es decir, un potencial de bienestar al que siempre se vuelve, ya sea después de un momento duro o de un gran triunfo.

El ‘set point’ de felicidad es muy similar al ‘set point del peso’. Algunas personas cuentan con la suerte de tener una disposición a la delgadez. Aunque no se esfuercen para ello, mantienen su peso fácilmente. Otros, en cambio, tienen que poner mucho empeño para no engordar.

Las circunstancias de vida también tienen una influencia sobre nuestro bienestar. Pero esto no impide que tengamos el poder de cambiar hasta el 40 por ciento de nuestra felicidad. Para ayudar a conseguirlo, Lyubomirsky propone algunas claves.

10 claves prácticas

Maneras de hacerse la vida más grata

1. Exprese gratitud por lo que tiene.
2. Cultive el optimismo, vea el lado positivo siempre.
3. Evite pensar demasiado y compararse con otros.
4. Practique el arte de la amabilidad.
5. Nutra sus relaciones: elija un vínculo que quiera estrechar y trabaje en consolidarlo y disfrutarlo.
6. Rememore y saboree las alegrías de la vida.
7. Busque la forma de enfrentar y superar el estrés.
8. Aprenda a perdonar.
9. Practique la religión y/o espiritualidad, en cualquiera de sus formas.
10. Cuide su cuerpo haciendo ejercicio, meditando y riéndose.

Una mirada desde la filosofía

Mariano Bartolí Doctor en filosofía

Desde el inicio de los tiempos, la filosofía se ha dedicado a estudiar el tema de la felicidad. Mariano Bartolí, doctor en filosofía teorética y práctica de la Universidad de Barcelona, y experto en el tema, recuerda que el monoteísmo religioso instauró la idea de que ésta llegaba después de la muerte, pero luego, con la Ilustración surgió nuevamente la idea de que la dicha era posible en la tierra y se consolidó el humanismo. Más tarde, dice, Nietzsche promovió el concepto del gozo de la vida individual, enérgica e intensa. Pero a Bartolí le gusta más el concepto de los griegos, para quienes la idea de la felicidad no podía separarse de un sentimiento de armonía con el orden del mundo.

“La felicidad -explica- es el fin al cual tiende todo hombre. La gran reflexión filosófica está en saber que es aquello que colma el corazón humano, qué hace al hombre pleno. Y para Bartolí, “el hombre alcanza su realización cuando se da, cuando vive para algo distinto de sí mismo. Un hombre que no ama -recalca- difícilmente será feliz”.

Desde esa perspectiva, este doctor en filosofía remarca que la felicidad es más difícil de alcanzar en un mundo como el actual, dominado por una cultura de satisfacción individual fuertemente asociada a la idea de que buena parte de la felicidad está en tener acceso al disfrute o posesión de cosas. Frente a lo cual anota: “Está claro que “ningún bien terrenal va a saciar completamente el corazón del hombre, porque en eso, además, hay una cierta lógica de insaciabilidad”.

“Por eso -remata- estoy convencido de que la felicidad se encuentra en la medida en que uno centra su vida en otras personas. Y me atrevería a decir que lo más parecido a esa felicidad última y plena son esos momentos en familia, con amigos o con esos seres a los que uno realmente ama”.

Fuente: eltiempo.com

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Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior, zen

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