La realidad es lo que es… ¿o lo que parece?

Como ‘scout’ (una especie de informante y cazatalentos) de la firma estadounidense de investigación del sector petrolero IHS, el geólogo Xue Feng se ganó la admiración de sus superiores por obtener unos datos excepcionales sobre 30.000 pozos petroleros en China.

Las bases de datos de IHS están abarrotadas de esta clase de información sobre todos los países del mundo. Ayudan a las petroleras a decidir dónde explorar y a los operadores a tener cierta idea de las tendencias de los precios de la energía. Entre los suscriptores a las bases de datos de IHS se encuentran petroleras chinas que operan en África y compran gas natural a Australia.

Pero dos años después de que Xue obtuviera los datos en 2005, China declaró secretos de Estado los datos sobre sus yacimientos. Xue, un ciudadano estadounidense de 45 años, se encuentra ahora en una prisión de Beijing cumpliendo una pena de ocho años tras ser declarado, hace unos meses, culpable de espionaje.

Xue es uno de los extranjeros más recientes en infringir unas leyes chinas que clasifican de espionaje lo que la mayoría del mundo considera como análisis de mercado.

China no define claramente lo que clasifica como secretos pero su aparato de seguridad estatal deja claro que existe una zona de peligro: el cargo principal de la fiscalía contra Xue no fue que accediera a los datos secretos, sino que facilitó su salida de China.

La hermética cultura china está reñida con su invitación a las compañías extranjeras para que ayuden a modernizar sus negocios. Estas firmas enfrentan una economía cada vez más consolidada en grandes grupos empresariales propiedad del Estado, una situación que hace menos claras las líneas entre los datos comerciales y oficiales.

Atemorizadas por casos como el de Xue pero inseguras sobre cómo proceder, las compañías extranjeras en China están apresurándose por redactar normativas internas. Algunas requieren dos o tres comprobaciones de que la información recibida procede de fuentes autorizadas. Otras han decidido limitar los riesgos subcontratando la recolección de datos a analistas locales.

China dedica muchos recursos a camuflar su demanda de materias primas, en parte porque sus importaciones son un factor clave a la hora de fijar los precios globales. Los rumores de que la demanda china sería mayor a lo esperado en 2004 fueron los catalizadores que empujaron los precios futuros del crudo a nuevos récords en términos nominales de entonces, a US$50 el barril (ahora se comercian en torno a US$85 el barril).

Este relato de cómo Xue terminó en prisión está basado en recientes entrevistas con analistas, colegas y amigos, y otros con conocimiento de la situación. También se basa en un documento publicado por el Tribunal Popular de Beijing que sentenció a Xue el 5 de julio.

Enemigo del Estado

Tras estudiar geología en China hasta principios de los 90, Xue, originario de la provincia de Shaanxi, fue invitado por un geólogo estadounidense a hacer un doctorado en la Universidad de Chicago. En 1999, fue contratado por IHS Energy para trabajar en su oficina de Houston, convirtiéndose en un scout que recolectaba datos de la industria petrolera china para su posterior venta.

Cuando Xue se unió a IHS, el gobierno chino estaba llevando a cabo una reestructuración de la industria energética. El mayor grupo petrolero resultante, China National Petroleum Corp. (CNPC) comenzó en 1996 a digitalizar datos escritos a mano de 30.000 pozos.

Para 2000, CNPC había integrado sus activos más valiosos en una subsidiaria llamada PetroChina Co., que salió a bolsa en Hong Kong y Nueva York, atrayendo a inversionistas como Warren Buffett. Pero PetroChina no absorbió ciertas partes de CNPC y algunos proyectos fueron suspendidos, como el plan de digitalización de los pozos.

Un investigador asignado a los trabajos de digitalización, Xu Xu, hizo a escondidas una copia de las coordenadas, reservas y otros datos de los 30.000 pozos, según su testimonio durante el juicio contra Xue. Xu usó un apodo y anunció la venta por Internet de información del sector de energía chino.

Dos años más tarde, un antiguo compañero de clase de Xue, Li Yongbo, envió un mensaje electrónico a Xu mostrando su interés por la información. Para finales de 2005, alega la fiscalía china, IHS había pagado US$228.500 por la información de Xu y un puñado de otros informes.

Mientras IHS instruía a su personal para vender los datos obtenidos por Xue, Beijing se esforzaba en tapar las fugas de información y proteger los secretos estatales. Los analistas acabaron por darse cuenta de que era mejor no hacer investigaciones sobre las reservas chinas.

Para mediados de 2007, Xue había dejado IHS por otra firma. En otoño de 2007, volvió a China usando un pasaporte estadounidense por primera vez.

El 20 de noviembre de 2007, fue detenido en su hotel y permaneció incomunicado durante meses bajo arresto domiciliario, en violación de un acuerdo consular entre China y Estados Unidos, afirman expertos jurídicos.

Xue fue interrogado hasta el siguiente febrero, cuando las autoridades clasificaron como secretos de Estado la información sobre los pozos y lo arrestaron formalmente.

CNPC declinó hacer comentarios al respecto. Ed Mattix, portavoz de IHS, indicó que están revisando su proceso de recolección de datos en China tras el caso de Xue.

En su testimonio, Xue dijo desconocer que los datos hubieran sido clasificados por el gobierno chino y cuestionó las bases para declararlos secretos.

“En la industria petrolera de todo el mundo, esta información debería estar disponible al público”, dijo Xue. “Es una equivocación considerar esta información como secretos de Estado”.

Hace poco, el Alto Tribunal Popular de Beijing comenzó a deliberar una apelación de Xue. Aún se desconoce cuándo emitirá su fallo.

Autor:   James T. Areddy. WSJ.

 

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