¿El alma está en el cerebro? No está; es… – Entrevista al Dr. Rodolfo Llinás, Revista Cambio, 2007.

El neurobiólogo bogotano Rodolfo Llinás desde niño mantuvo una mente escéptica y por lo tanto hambrienta de respuestas racionales. En el prólogo de su obra “El cerebro y el mito del yo” Gabriel García Márquez comenta: “Lo más difícil para él era tal vez la religión católica cuyos dogmas tenía que aprenderse de memoria sin entenderlos. Lo exasperaba que le prohibieran hablar en misa si no molestaba a nadie. No concebía que las bendiciones llegaran a los fieles, si eran echadas al aire por un sacerdote que no miraba a nadie, pues en su lógica pura no debían lanzarse al azar, sino en ciertas dimensiones geométricas para que llegaran donde el oficiante se proponía. Por estas y otras muchas razones las clases de religión sólo le sirvieron para poner en duda la existencia de Dios, porqué nadie supo como explicárselo, ni lo ayudaron a descifrar el rompecabezas teológico de que tres personas distintas fueran en realidad un solo Dios verdadero.”


Rodolfo Llinás ha sido director del Departamento de Fisiología y Neurociencia de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York durante más de 25 años, también es integrante de la Academia Nacional de Ciencias.

Sobre el creacionismo, el determinismo y el alma

El debate ha vuelto a estar de moda en el ámbito escolar de Estados Unidos: evolucionistas contra creacionistas; ciencia contra religión. ¿Hay que erradicar alguna de las dos?

Rodolfo Llinás: Hay que erradicar el creacionismo. Eso impide a la gente pensar claramente. También hay un término medio de moda, el diseño inteligente, que dice que la evolución existe pero está prediseñada, que la vida es tan especial que tuvo que ser generada de un modo dirigido. El problema es que esa manera de pensar niega muchas cosas que se saben del sistema evolutivo: que ciertas mutaciones en el ADN producen seres que no van a subsistir, y que solo sobreviven las soluciones buenas. El creacionismo evolutivo suprime la selección natural. Y no, uno sabe que esto no está diseñado.

¿Qué disparó la evolución del cerebro humano?

Lo más probable es que haya sido la postura. El simio humano aprendió a caminar en dos piernas y esa postura equilibrada le permitió tener un cerebro más grande. La postura también ensanchó la pelvis, lo que igualmente hizo posible que nacieran animales con el cerebro más grande: el número de células de un cerebro está limitado por el canal por el que nace. La destreza de las piernas de adelante, que llamamos brazos, también nos dio una ventaja increíble, así como el cambio de la estructura de la laringe: podemos producir fonación y por tanto, lenguaje hablado. Y de ahí al lenguaje escrito hay un paso muy pequeño.

Otro debate de moda: el determinismo, saber hasta qué punto nuestro comportamiento está programado en nuestros genes. ¿La educación que recibimos moldea nuestros cerebros, o lo que seremos ya está escrito?

El cerebro es enormemente plástico, pero limitado. Su situación inicial da ventajas o desventajas. Definitivamente, nacemos con muchas capacidades, son heredadas. Pero no solo hay causas genéticas, sino también epigenéticas.

¿Es decir?

Tenemos el embrión, pero está sometido a continuos movimientos, rayos gama, comida, pequeñas modificaciones que generan cambios enormes. La información primaria está ahí, pero son tantas las cosas que pasan con ella que ni siquiera los gemelos idénticos terminan siendo idénticos. Los padres podrían darles una crianza igual, pero tal vez no resulte tan formativa como pudo haber sido el hecho de cuál era el que estaba arriba y cuál estaba abajo en el útero. En ese caso, el determinismo genético no se puede demostrar.

¿Lo que llamamos alma está en el cerebro?

No está; es.

¿Y cómo le explica eso a una sociedad creyente?

No se le puede explicar. Es como cuando una persona dice: “Vi un fantasma”. Y usted le responde que claro, que las alucinaciones visuales existen, pero están dentro de su cabeza. Y él insiste: “Yo lo vi afuera”. ¿Cómo decirle que no? No hay nada que hacer.

¿Alguna vez ha sospechado la existencia de un más allá?

Ya de niño no me sonaban esas cosas. No entendía la religión y tenía unas peleas tan fuertes con un cura, que escandalizaban a la gente del bus. Yo preguntaba: ¿Por qué Dios es tan desgraciado que deja que nazca gente a sabiendas de que se irá al infierno? ¿Si Dios sabe todo lo que yo necesito, por qué me pide que le rece? ¿No debería decirme: “Yo sé lo que necesita, no moleste más”? ¿O por qué me obliga a decirle todos los días que él es el mejor, el más bonito, y si no lo hago se calienta? Dios es muy humano, vengativo, nuestra imagen y semejanza. No comprendí nada de religión y no me explico cómo la gente entiende esas vainas.

¿Y se ha preguntado por la telepatía?

La historia de la sociedad está basada en el hecho de que la mente no se puede leer. Si pudiera hacerse, no habría telefonía, negocios ni asesinatos. La telepatía haría imposible el contrato social. ¡Pero cómo puede haber gente tan estúpida que no comprende eso!

¿Cuál es su obsesión científica en este momento?

Las bases físicas de la subjetividad. Yo sé cuáles son las bases físicas de muchos aspectos biológicos, pero no sé cuál es el efector físico que produce sentimientos. Tienen que ser unas células, pero ¿qué particularmente? ¿Filamentos? ¿Microtubos? ¿Mecánica cuántica? Conocemos perfectamente cómo se genera la fuerza de los músculos, pero ¿cómo se generan el verde, el deseo o el amor? Quiero saber cuáles son los procesos neurológicos de esos sentimientos, que pertenecen a la misma categoría.

Con tan estrecho margen para la magia, ¿usted puede, por ejemplo, enamorarse?

Cuando termine esto podremos decir que el amor consiste en ciertos niveles de calcio intracelular en estas dendritas. Y la respuesta es sí, con más cariño se enamora uno, porque ahora entiende profundamente esas cosas que lo hacen gritar “¡me enamoré, ala!”, como si le pegaran una infección. Así se le añade a la estructura emotiva la estructura intelectual, y el amor se hace mucho más profundo y más real.

 

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9 comentarios

Archivado bajo alma, budismo, espiritu, iluminacion, meditacion, paz interior, zen

9 Respuestas a “¿El alma está en el cerebro? No está; es… – Entrevista al Dr. Rodolfo Llinás, Revista Cambio, 2007.

    • IVONNE PATERNINA

      SIMPLEMENTE GENIAL
      una vez mas lo sublime esta n nosotros. el amor, la vida, la belleza y lo extraordinario se hace mas factico. por tanto complemtamente a nustra disposicion.
      wow…

  1. mariana

    la telepatía sí es posible. hay que desarrolarla

    • carlos procel

      respecto a la telepatia y a otros fenòmenos parecidos, si existen, solo que nos han enseñado a no creer en ellos ni a desarrollarlos; solo utilizamos un 10 % de nuestro poder mental.

      • Federico

        Existen? Cómo sabés? Sos telépata? Eso del 10% es un verso que se viene repitiendo desde la época de mi finada abuela.

  2. paolita

    Pues respeto la opinión de este señor científico, pero Dios si existe que tristeza que no haya tenido alguien que lo guiara a ese conocimiento, hoy es lo que es gracias a Dios porque sin la voluntad de el no se mueven ni las hojas de los arboles.
    De todas maneras esto es respetable.

    • Mariano Merino

      Paola:
      Todos creemos en Dios. Todos creemos en algo trascendente. Lo que la mitad de la humanidad no aceptamos es ese Dios creador, externo, que castiga más que premia, y al que hay que rendirle pleitesía a cada instante.

      • andrea

        hola quisiera saber mas sobre el budismo en que creen cuales son sus dioses, como consiguen la salvacion en quien depositan su fe??

      • Mariano Merino

        Andrea: en internet encontraras mucha informacion acerca del budismo, en paginas, blogs, etc.

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