Una buena amistad es mejor que un buen matrimonio


Así es cómo el segundo hombre más rico de EE.UU. se presentó a Sharon Osberg: la invitó a que entrara a su oficina, le dijo que se sentara en el suelo y la retó a un juego de dados amañado.

En aquel entonces, Osberg era una ejecutiva en Wells Fargo y una campeona mundial de bridge. En una ocasión, se encontró brevemente con Warren Buffett, un ávido aficinado, en una partida en la ciudad de Nueva York. El multimillonario la invitó entonces a que fuera a Omaha a jugar a las cartas con él.

“Su teoría era que así rompería el hielo”, dice Osberg. “Era un juego de dados no transitivos (una especie de truco para aficionados estadísticos). Ahí estaba yo, en mi vestido, arrodillada en el piso, tirando dados en la oficina de Warren Buffett, en una situación en la que no podía ganar. Le pareció divertidísimo. Después de que Buffett parara de reírse, los dos se fueron a cenar un filete (la ciudad de Omaha es famosa en Estados Unidos por su carne), y luego pasaron dos horas jugando al bridge en el club local del inversionista. La partida fue “terrible”, recuerda Buffett. “Humillante”, añade Osberg. “Pero pasamos un rato excelente”.

Eso fue hace 20 años, y los dos han sido compañeros de bridge y amigos desde entonces. Juegan juntos un promedio de cuatro veces a la semana. Es una relación platónica a distancia que empezó con la partida de cartas pero que ha evolucionado. Osberg vive en Marin County, a las afueras de San Francisco y se habla por teléfono con Buffett unas cuantas veces al día, y luego también por la computadora, donde chatean mientras juegan en línea.

“Ahora es una buena amiga, incluso a pesar de que no nos vemos mucho”, dice Buffett. Osberg está de acuerdo. “Es mi mejor amigo. Me cambió la vida. Soy el ser humano más afortunado del mundo”.

Más allá de su pasión por el juego, los dos comparten otras cosas, como su sentido del humor seco. Incluso sus diferencias son complementarias. Osberg es una experta en tecnología que dirigió el grupo de banca en línea de Wells Fargo, mientras Buffett es famoso por mantenerse alejado de cualquier cosa que tenga un chip.

“Solía llamarme al menos dos o tres veces al mes y me decía: ‘Esto es lo que veo en la pantalla. ¿Qué hago?'”, cuenta Osberg. Sin embargo, hacer las veces de directora de tecnologías de la información de un multimillonario tecnófobo es una tarea relativamente sencilla. Según Osberg, “cada vez que tiene cualquier problema con su computadora, sale a comprar otra”.

En 2005, Buffett y el cofundador de Microsoft, Bill Gates (quien juega a bridge con ellos de vez en cuando), prometieron donar un millón de dólares para promocionar el bridge en las escuelas. Esta iniciativa sin ánimo de lucro, dirigida por Osberg, nunca consiguió demasiada aceptación así que abandonó el proyecto a principios de este año. Buffett admite que el bridge nunca experimentará el éxito generalizado del que disfrutaba hace 70 años. “La gente puede hacer demasiadas cosas”. Afortunadamente, no le faltan candidatos a compañeros de juego. “Podría jugar con muchas personas, pero nadie sería un socio tan bueno como Sharon”.

Buffett sobre Osberg

“Para mi sorpresa, mi hermana y su marido llegaron a ganarnos. Así que rompí (el cuaderno de anotaciones) en pedazos. Es un juego muy competitivo”

Carol Loomis de Fortune nos presentó. Yo había ido (a Nueva York) a participar en un evento en el Edificio Empire State, en el que Carol y Sharon también jugaban.

Me cayó bien. Era muy simpática, una persona interesante y, obviamente, muy inteligente. Había desarrollado la banca en línea de Wells Fargo desde el principio; era una pionera en eso. La invité a que viniera a jugar a Omaha y aceptó. Esa noche, los dos jugamos fatal. Porque los dos estábamos tratando de complacernos el uno al otro y eso no funcionó para nada.

Es una jugadora extraordinaria, pero también es una buena compañera. A diferencia del ajedrez, o muchos otros juegos, en el bridge, ser un mal compañero afecta directamente el resultado de ambos, sólo por el desempeño de uno. Yo he aprendido mucho de ella.

Cuando jugamos, cometo muchas estupideces y de cuando en cuando también cometo algunas estupideces increíbles. Pero siempre que hago una tontería extremadamente grande, solemos sacar un buen resultado. No me pregunte por qué. Ella puede explicarle eso. Pero lo único que le parece insufriblemente irritante de mí, es cuando cometo un error colosal y aún así conseguimos un buen puntaje.

Nunca quiero dejar de jugar. Siempre son los contrincantes los que quieren parar. Anoche sólo jugamos durante una hora y media, pero yo podría haber seguido eternamente. Periódicamente, jugamos en casa de Bill Gates, y esas partidas empiezan a las 2 de la tarde, paramos para cenar y terminamos a eso de las 11 de la noche.

Estábamos jugando en Omaha en la época en que celebramos nuestra reunión anual y Sharon vino con mi hermana y su marido. Jugamos y para mi disgusto, y debo confesar que hasta para mi gran sorpresa, nos ganaron. En ese momento, mi hermana se acercó para alcanzar el cuaderno de las puntuaciones y yo lo rompí en pedazos y me lo comí. Es un juego muy competitivo. Es lo más competitivo a lo que uno puede llegar.

Osberg sobre Buffett

“Ahí estaba yo, en mi vestido, en el piso, tirando dados en el suelo de Warren Buffet, en una situación en la que no podía ganar. Le pareció divertidísimo”

No estaba demasiado familiarizada con Warren. Sabía, más o menos, quién era. Sabía que era rico. Sabía que era un inversionista. Y sabía que era de alguna parte en medio de la nada del país. Así que cuando nos presentaron y me dijo que tenía que ir a Omaha, le pregunté: “¿Dónde está eso?” Podría haber puesto mis conocimientos un poco más al día antes de conocerlo.

Nos caímos muy bien. Una vez que superé el terror, me di cuenta de que es una persona con la que se puede pasar el tiempo muy fácil, y tenemos un sentido del humor parecido. Simplemente congeniamos.

En aquel entonces, yo no jugaba en línea. Jugaba en persona en importantes torneos, pero me parecía lo más apropiado de cara al futuro. Esa es la razón por la que Warren se compró una computadora. Me llevó mucho tiempo, tal vez hasta seis meses, convencerlo de que realmente necesitaba una computadora y que entonces podría jugar al bridge siempre que quisiera. Bill Gates ya lo había intentado; incluso se ofreció a enviar a alguien de Microsoft para que se la instalaran, pero nada sirvió. Finalmente dijo que sí.

Yo estaba en Chicago o Cleveland o algún otro lugar, y él dijo: “Te voy a recoger” (porque se dirigía a casa después de una reunión), “y te llevaré a Omaha. Iremos a la tienda Funiture Mart, compraremos una computadora y me la podrás instalar”. Creo que era una H-P.

Luego llegó el momento en que casi me costó mi reputación mundial: nunca antes habíamos jugado juntos en un torneo, mucho menos un campeonato mundial. Nadie apostaba a que llegaríamos a la final, pero gracias a Dios, clasificamos. En ese momento, Warren dijo: “No puedo seguir con esto. Es demasiado estresante. Diles que tengo una emergencia de negocios. Diles lo que quieras”. Así que fui a contarles a los jueces que mi compañero tenía una emergencia: estaban furiosos. Probablemente fuimos la única pareja de la historia que llegó a clasificarse para una final de un campeonato mundial y se retira sin que uno de los dos se hubiera muerto.

Por Peter Kafka. WSJ.

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