Prajña, la Sabiduría Perfecta

Todas las escuelas de budismo consideran que prajña es un concepto esencial, pero es en el Mahayana – el budismo más “científico” – donde juega un rol fundamental, llegando a ser considerada casi como una forma de meditación.

La palabra sánscrita prajña está compuesta de las partes pra y jña. Mientras que jña significa comprensión, conocimiento, conciencia o inteligencia; la partícula pra es un intensificador similar a lo que en castellano son los prefijos súper, mega o ultra. En otras palabras, prajña puede ser traducido literalmente como megacomprensión, pero en el contexto budista generalmente se traduce como sabiduría o sabiduría perfecta. Se trata de aquella sabiduría que puede ser desarrollada a partir del cultivo del Camino Óctuple y, de hecho, corresponde a las primeras dos componentes de dicho camino. En definitiva, prajña es la clase de sabiduría que permite eliminar las aflicciones y conducir a la iluminación.

Si nos remitimos al camino óctuple, como ya se señaló, prajña corresponde a los dos primeros componentes, drsti y sankalpa, considerados conjuntamente. Recordemos que drsti, la visión correcta, es uno de los conceptos más básicos en el Budismo y se refiere a la capacidad de observar, tal como lo hace un científico. Se fundamenta en el hecho de que el Buda recomendó no adoptar creencias tradicionales, ni siquiera cuando uno cree que esa fe proviene de una divinidad. En efecto, la palabra drsti es empleada generalmente en el contexto del Budismo para referirse al punto de vista que puede cultivarse y que está desprovisto de supersticiones y otras formas de “delirio”.

Por su parte, el segundo componente del camino óctuple, sankalpa o la intencionalidad correcta, se refiere al cultivo de una actitud mental positiva y altruista, a partir del reconocimiento de que esa actitud es la más sana y la que nos permite desarrollar niveles de felicidad mayores y más duraderos que el simple placer momentáneo.

El concepto de prajña nos permite aglutinar en una sola idea la combinación virtuosa osinérgica de drsti (conocimiento) y sankalpa (intencionalidad). Si bien la distinción entre ambas es útil para fines analíticos, como toda distinción, es una separación artificial, ya que drsti y sankalpa interactúan mútuamente de una forma inextricable. Recordemos que, en el budismo, el concepto de mente se asocia no sólo con lo racional sino que también con las emociones, ya que el pensamiento tiene un componente cognitivo pero también uno volitivo y emocional. La ciencia cognitiva occidental ha reforzado este punto al demostrar que no existe una frontera clara que nos permita diferenciar entre el conocimiento y las emociones.

Cabe señalar que el concepto de prajña juega un rol fundamental especialmente en el Mahayana, ya que los textos denominados Prajñaparamita Sutras son los más antiguos en los que, siguiendo la filosofía de drsti, el budismo revisa al propio budismo original y, consecuentemente, se añaden desarrollos posteriores a los que se remiten al Buda histórico. El concepto de prajña, en consecuencia, fue el que dio origen al desarrollo de estos sutras y, por esa vía, del Mahayana, la escuela de budismo que más se asemeja en ese aspecto al espíritu crítico y evolutivo del método científico.

De acuerdo a los Prajñaparamita Sutras, prajña es considerada no sólo una cualidad o un objeto de poseción sino que más bien como una acción; el Sutra del Corazón, por ejemplo, habla de “hacer prajña”. Por este motivo, muchas ramas del Mahayana, como el Zen, han hecho hincapié en que prajña es, de cierta manera, una forma de meditación. En efecto, el Sexto Patriarca Zen, Huineng, promovió la práctica de prajña en lugar de la meditación silenciosa, estática y enisimismada. Desde esta perspectiva, la perfecta sabiduría debe cultivarse desde un involucrarse fenomenológicamente en la existencia y no desde el apartarse propio de un retiro. Técnicas de meditación como mahamudra o zazen también son provechosas, pero corresponden a etapas superiores del Camino Óctuple – agrupadas en el concepto de samadhi – y, por lo tanto, si se sigue esa secuencia, no tiene sentido practicarlas si antes no se ha trabajado el cultivo de las más básicas que corresponden, justamente, a prajña.

Autor: Luis Eduardo Bastías, budismoyciencia.bligoo.com

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