Los diez toros del zen (versos y prosa de Kakuan) interpretados – 8

El todo y la nada son lo mismo para mi. Nada me saca de mi centro. Soy yo mismo. Encontrado mi toro y domado, recupero mi ser.

Verso 8. Ambos,  el toro y mi mismidad, trascienden.

Látigo, soga, mismidad, y toro,  todo llega a “no-ser”.

Este cielo tiene tal amplitud que ningún término puede abarcarlo.

¿ Como puede existir un copo de nieve en un fuego ardiente?

Aquí hay  huellas de patriarcas.

 Prosa: 

La mediocridad ha desaparecido. Mente libre de limitación. No busco ningún estado de iluminación. Tampoco hago nada, permanezco donde no existe ninguna iluminación. Desde que deambulo sin condición alguna, las miradas no me pueden ver. Aunque mil pájaros alfombraran con flores mi camino, la alabanza no tendría sentido alguno.

Interpretación:

Una vez domado mi toro, me transformo en mi mismo. Yo y mi entorno somos uno, así como con mis pensamientos. No hay ego, no hay necesidad de demostrar nada; simplemente soy yo. nada me llama la atención, ni siquiera los que me apoyan.

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Archivado bajo meditacion, paz interior, zen

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