¿Compraría o vendería oro? El mundo de las percepciones e ilusiones…

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Puede ser su cerebro. O puede ser intuición. O puede ser simplemente suerte. Pero sea lo que sea, ha permitido a Georges Soros leer el mercado de forma correcta durante un largo período de tiempo. Así que cuando un inversionista con una habilidad tan legendaria dice que el mayor mercado alcista de nuestros tiempos, está llegando a su fin, no es de extrañarse que el mundo se siente a escuchar lo que el hombre tiene para decir.

En el primer trimestre del año, Soros se desprendió de alrededor de US$800 millones de oro. ¿Debería usted hacer lo mismo?

No esta vez.

El oro se está acercando al territorio de las burbujas. El precio se ha disparado y cualquier activo que haya estado al alza durante 12 años tiene que estar acercándose a la cima. Se tiene que llegar al cenit algún día.

Y sin embargo toda burbuja tiene un período durante la cual se infla, un momento cuando el precio atraviesa el techo. El oro no ha llegado a ese punto aún. La función principal del metal en los mercados financieros es ofrecer protección contra la inflación. Y mientras que mucha gente piensa que una espiral de precios al alza nos espera, ese no es el punto de vista que genera consenso todavía. Eso significa que el precio todavía tiene un poco de camino por delante para subir.

El oro ha sido, por supuesto, el negocio de la década. En julio de 1999, llegó a su nivel más bajo en una década de US$252,80 por onza. El Fondo Monetario Internacional vendía y lo mismo hacían los bancos centrales de Australia y el Reino Unido. Parecía como que finalmente había llegado el final de su rol como depositario de valor en última instancia.

Desde entonces, se ha recuperado en forma sostenida. El mes pasado, llegó al récord de US$1.575,79 por onza. Fue un increíble período alcista de 12 años. Si usted se hubiese desprendido de su portafolio de valores a mediados de 1999 —cuando se estaba llegando al pico de la manía de las empresas de Internet— y se hubiese pasado al oro, estaría leyendo este artículo desde la terraza de una mansión de 30 habitaciones en su propia isla caribeña. Aparte de financiar a Facebook, no hubiese habido una mejor manera de construirse una fortuna.

Entonces ciertamente hay argumentos a favor de salir del oro ahora. Los inversionistas inteligentes siempre venden demasiado pronto, es la única forma de evitar la carnicería cuando los mercados alcistas colapsan. En enero, Soros dijo que el oro es una burbuja. “Cuando las tasas de interés están bajas tenemos las condiciones para que se desarrollen las burbujas de activos, y se están desarrollando en este momento”, dijo a su audiencia en la conferencia de Davos. “La burbuja suprema es el oro”, sostuvo.

Bueno, quizás. El problema con el oro, para cualquier inversionista con la cabeza fría, realista, es que en cuando se comienza a analizarlo, se está entrando en la tierra de los extremistas.

Por un lado, están los bichos del oro, para los cuales el metal es la única moneda verdadera. Ha sido usada como moneda por algunos miles de años y contra esa historia, un par de meses de valores al alza o a la baja no hacen ninguna diferencia. Para ellos, ningún precio es nunca lo suficientemente alto. Si todos los demás activos están siendo pulverizados por malvados presidentes de bancos centrales que están imprimiendo papel moneda, ¿ porqué no seguir comprando ? Después de todo, está destinado a tener más valor que esos pedazos de papel de colores brillantes.

Por otro lado, los detractores del oro son igual de vehementes respecto a que no vale nada. Como John Maynard Keynes, lo ven como una “reliquia bárbara”. Seguro, se pueden hacer anillos de matrimonio con el oro, pero aparte de para eso es inútil. Al menos con el cobre uno puede hacer tuberías y los bonos generan un ingreso. Pero el oro es principalmente un activo psicológico. Vale algo porque otras personas piensan que lo tiene. No hay parámetros confiables con respecto a los cuales se pueda medir su valor.

La verdad está en algún punto en el medio. El oro puede ciertamente moverse a un territorio propio de las burbujas, como cualquier otro activo. Pero su función principal es como una alternativa segura para los períodos de inflación destructiva y prolongada.

Y aquí está el punto importante. Aún cuando muchos analistas —incluso este columnista—- piensan que nos estamos encaminando a un período de precios al alza en forma sostenida, esa no es la posición generalizada todavía. Simplemente mire al mercado de bonos del gobierno. El rendimiento de los bonos estadounidenses está todavía en niveles récord por lo bajo. Lo mismo se aplica a la mayoría de los bonos de los gobiernos europeos, sin tomar en cuenta los de los países que ya colapsaron. Eso no sería cierto si los mercados no estuviesen esperando enormes alzas de precios.

En realidad, los mercados todavía tienen precios que asumen una inflación baja, incluso deflación. En algún momento, ese consenso va a dividirse. Los bancos centrales se verán forzados a subir las tasas de interés y potencialmente mucho, cuando se den cuenta que las expectativas inflacionarias se están yendo de sus manos.

¿ Y qué va a pasar entonces? Los mercados de bonos van a colapsar, eso es seguro. Los mercados de valores van a tambalearse, eso es seguro. Los registros históricos muestran que los valores son una cobertura débil contra el alza de los precios y usualmente tienen un desempeño malo cuando las tasas de interés están subiendo.

¿A dónde va a ir todo el mundo para conseguir seguridad? Al oro, por supuesto.

A medida que comienzan a subir las tasas de interés, y que el combate contra la inflación se transforma en la principal tarea de los presidentes de los bancos centrales en lugar de alejar otra gran depresión, el precio del metal precioso va a subir.

Esa será la fase en la que se inflará el mercado alcista de 12 años de duración.

Podría ocurrir en el próximo año o podría pasar en 2013. Y oro podría llegar a US$2.500 la onza o a US$3.000. O incluso más. Nadie sabe. Una vez que un mercado llega a su último frenesí comprador, el precio puede ir para cualquier lado como puede atestiguar cualquiera que recuerde que el índice Nikkei llegó a los” 38.000 puntos.

Ese será el momento para salir. Y por esa razón es que esta vez Soros se equivocó. Va a haber un momento en el que vender el oro, pero todavía falta al menos un año.

Autor: Matthew Lynn es un periodista financiero con base en Londres. Es el autor de ” Bust, Greece, the Euro and the Sovereign Debt Crisis” y escribe novelas de aventuras con el seudónimo Matt Lynn. Fuente: WSJ

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