Esfumarse y vivir de nuevo… ¿Una fantasía?

¿Entonces… no eran unos cuantos sino muchos los que habían soñado con la idea de un día irse sin dejar rastros, ni cartas de agravios, ni un posible paradero? ¿Era efectivamente desaparecer, abandonarlo todo, perpetuar a la familia en la incertidumbre eterna, una fantasía que acechaba a cientos?, se preguntaba el escritor chileno Alberto Fuguet al ver sorprendido los efectos que su novela Missing, una investigación parecía dejar en la gente.

Había intuido que claro, tener un amante, pensar en el suicidio o buscar aventurillas en el trabajo eran situaciones que alimentaban los deseos secretos de muchos, pero al oír con recurrencia pasmosa lo que sus lectores y amigos le decían, que su protagonista “Carlos era un valiente que había hecho algo que ellos no”, “que aunque no fuera un millonario y hubiera terminado en una pensión de Las Vegas conjuraba los sueños no cumplidos de ellos”, Fuguet se fue dando cuenta de que en su novela había descobijado no sólo la historia del tío aquel, que nunca encajó en las normas familiares y que emprendió un viaje a Estados Unidos para mimetizarse en la marea de gente y volverse nadie. Fuguet había develado también un extraño deseo que parecía latente en casi todos sus lectores, el de sentirse feliz pudiendo ser alguien al que le han perdido el rastro.

“De verdad confieso que a pesar de que soy bastante alerta e intuitivo no tenía conciencia de que  existía la fantasía social de esfumarse y empezar todo de nuevo. Como perpetuar una especie de suicidio, pero seguir vivo, y eso ha sido una gran revelación después de la escritura de la novela”, explica el autor, que, dado como es a mirar su mundo cercano para encontrar las historias que narrar, fue descubriendo que la leyenda familiar no sólo le sería útil para acaparar la atención de sus amigos en las fiestas en donde el relato siempre salía a colación, sino que tenía material privilegiado para una novela. “Para mí siempre la pulsión de la escritura ha salido de un lugar cercano y no al revés. Uno no nace siendo escritor y en el caso mío, menos, porque yo quería ser director de cine, sin embargo, siempre intuí que las historias están cerca de casa”.

Fuguet se convirtió entonces en un detective. Empezó a seguir pistas, viajó a Norteamérica y entre firmas viejas de cartillas de registro de hotel y difusas reconstrucciones de vecinos dio con Carlos Fuguet, su tío, el descarriado de la familia que tanta intriga generó siempre en él, su sobrino. La novela —que parece desbordar cualquier idea que intente definir el género— se va metiendo en los olores de esas mujeres que durante pocos días lo acompañaron, en los bolsillos en donde guardó las propinas que recibía mientras trabajaba en un hotel, también en las soledades de un hombre que ha perdido todo arraigo, y en esas virtudes que aún así no fueron suficientes para que Carlos hiciera algo con constancia en su vida.

Missing, una investigación, es eso justamente, una indagación casi de tonos periodísticos, que sin embargo se vale de la ficción y de un particular estilo para contar la historia del fugitivo. “Esta novela es en realidad casi la transcripción de todo el material al cual accedí para construir la historia y es que creo que algo que aprendí del periodismo es que muchas veces el material es de mucha mejor calidad de lo que sale publicado”, asevera el autor, que casi fue armando el libro en tiempo real y que encontró en sus métodos de escritura la forma para que el lector “investigara conmigo y se convirtiera casi en coescritor”.

El resultado de su experimentación formal, una en la que ha insistido desde su manifiesto McOndo, en el que renunciaba a seguir como única ley de la literatura latinoamericana el realismo mágico, ha sido celebrado. Sus ventas en Chile fueron tan buenas que permitieron a libro llegar a librerías de toda Latinoamérica, incluida Colombia. “Eso es todo un logro porque parece increíble pensar en lo difícil que es que viajen los libros por este continente”, afirma al respecto. Además, Mario Vargas Llosa le dedicó una sentida reseña en su columna “Tribuna”, que publica en el diario madrileño El País, en donde dijo: “Dudo de que algún historiador o sociólogo haya mostrado de manera tan vívida y persuasiva ese trance dramático del desarraigo de las familias de origen hispano de su suelo natal y su difícil implantación en su tierra de adopción”, para luego concluir, “En todos los libros de Alberto Fuguet que he leído hay siempre, junto con la historia que cuentan, una voluntad de innovar, tanto en la lengua como en la estructura narrativa. En Missing (Una investigación), es donde mejor lo ha conseguido”.

Este chileno no es indemne a la bulla levantada por sus 386 páginas. De alguna manera nunca pensó que su carrera fuera a tener un libro más grande que los otros: “Siempre pensé que todos los libros iban a ser parecidos, así que Missing me cae un poquito mal porque se ha vuelto el grande del curso. Siempre pensé en mis libros como una suma de ladrillos, y Missing es como una torre, pero bueno, no tengo ganas de derrumbarla”.

Fuente y autor:   Angélica Gallón Salazar | Elespectador.com

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