De verdad, el zen es aburrido.

Seamos realistas. El Zen es aburrido. No se puede encontrar una práctica más opaca, y más tediosa que el Zazen. La filosofía es seca y poco excitante. Es increíble para mí que alguien esté leyendo estas líneas. ¿No sabe la gente que puede jugar al Tetris, en este momento? ¿Que hay millones de sitios “mas interesantes” gratis por ahí? Mucha peña tiene una vida interesante, ¿por qué tú no?!

Joshu Sasaki, un maestro Zen de la secta Rinzai, dijo una vez que los maestros budistas siempre tratan de hacer que los estudiantes tarden en llegar al satori, porque si supieran lo realmente seco y sin sabor de la iluminación, nunca la querrían alcanzar.Tiene razón. Mira a los maestros zen. Ninguno de ellos tiene ningún sentido de la moda. Se sientan mirando a las paredes en blanco. Pregúntales acerca de la levitación, no te contestarán. Pregúntales acerca de la vida después de la muerte, y te cambiarán de tema. Pregunta acerca de los milagros y comienzan a escupir estupideces sobre cargar baldes de agua y cortar leña. Ellos se van a la cama temprano y se levantan temprano. El Zen es una filosofía para tontos.

El aburrimiento es importante. La mayor parte de tu vida es pesada, insípida y aburrida. Si practicas zazen, aprenderás mucho sobre el aburrimiento. Recuerdo que la primera vez que me senté en zazen, yo estaba realmente muy contento. Pensé que tendría visiones de cuatro Krishnas armados descendiendo de los cielos, o que acabaría perdiéndome en el vacío al igual que la vieja canción de los Beatles, o alcanzando el Nirvana (sea lo que sea) o algo grande y portentoso.

Pero el reloj sólo marcaba el paso del tiempo, mis piernas empezaron a doler, y los pensamientos estúpidos iban pasando. Tal vez yo no lo estaba haciendo bien, pensé. Pero no, año tras año era lo mismo. Aburrido, aburrido, aburrido. Después de casi 20 años sigue siendo aburrido como el infierno. .

La gente odia su vida ordinaria. Queremos algo mejor. Creemos que nuestra vida cotidiana de tareas domesticas y trabajo es monótona, aburrida y gris. Pero algún día, algún día….Hay un episodio de The Monkees donde cuenta Mike Nesmith que cuando estaba en el instituto subía con su guitarra al escenario y allí solo, sin publico, se decía a si mismo…algún día, algún día…. Después contaba que años más tarde, en pleno apogeo de Los Monkees, salía al escenario y allí, en frente de miles de fans, se decía a si mismo…algún día, algún día… así es la vida. Nunca es perfecta. Lo que “algún día” te imaginas, nunca llegará. Nunca. No importa lo que sea. No importa lo bien que construyas tu fantasía o el cuidado de tengas en seguir todos los pasos necesarios para lograrlo. Incluso si se hace realidad exactamente como lo has previsto, acabarás igual que Mike Nesmith. Algún día, algún día… Te lo garantizo.

Tu vida va a cambiar. Eso es seguro. Pero no va ser a mejor y no va a ser a peor. ¿Cómo se puede comparar ahora al pasado? ¿Qué sabes acerca del pasado? No tienes ni idea! No tienes ni idea en absoluto de cómo fue ayer, y mucho menos la semana pasada o hace diez años. ¿El futuro? Olvídalo…

La gente busca grandes emociones. Experiencias cumbre. Algunas personas vienen al Zen en espera de que la iluminación será la última experiencia del pico. La Madre de todas las experiencias cumbre. Pero la iluminación real es la más común de las cosas comunes.

Una vez tuve una visión asombrosa. Me vi transportado a través del tiempo y el espacio. Millones, no, miles de millones, billones, Godzilliones de años pasaron. No en sentido figurado, sino literalmente. Pasó como una bala. Me encontré más allá del tiempo y el espacio, una gran Totalidad compuesta de las mentes y los organismos vivos de todo lo que alguna había sido. Fue una experiencia increíble en movimiento. Acojonante. Estuve flipado durante semanas. Finalmente, le hablé a Nishijima Sensei de la experiencia. Dijo que eran tonterías. Sólo mi imaginación. No puedo decirte lo que me hizo sentir. ¿Imaginación? Esta fue una experiencia tan real como cualquier otra que he tenido. Yo casi lloraba. Más tarde, ese día, yo estaba comiendo una mandarina. Me di cuenta de lo increíblemente hermosa que era. Tan delicada. Tan asombrosamente naranja. Tan sabrosa. Así que se lo dije a Nishijima. Esa experiencia, dijo, eso sí es la iluminación.

Se necesita un maestro así. El mundo necesita muchos más maestros así. Numerosos maestros hubiesen interpretado mi experiencia como una fusión de mi Atman con Dios, como un presagio de cosas grandes y maravillosas, hubiesen elogiado mi crecimiento espiritual y dado indicaciones sobre cómo ir más allá. Y me habría engañado a mi mismo, déjame decirte, hubiese picado el anzuelo. Si un maestro no rompe las ilusiones que te haces, no te favorece en absoluto.

¿Comer mandarinas? Venga hombre!!! ¿Habrase visto cosa más aburrida que comerse una mandarina? Lo que mola es fundirse con la divinidad en los confines del universo. Para eso estamos metidos en el rollo del Zen, ¿no?

Hace algunos años, unos científicos realizaron un experimento en el que medían la actividad cerebral de un grupo personas entre las que había algunos monjes Zen. Les pidieron que se relajaran y a continuación los sometieron a un estímulo repetitivo: el tic tac de un reloj bastante sonoro y daporculero. Las pruebas señalaron que mientras las personas normales dejaban de reaccionar al tic tac al cabo de unos segundos, los monjes seguían registrándolo mentalmente. Sicólogos y periodistas no supieron muy bien cómo interpretarlo, aunque es un experimento que se hizo muy famoso. La cuestión es simple: los budistas se fijan en sus vidas. La gente normal cree que tiene cosas mejores en que pensar.

Si de verdad te fijas en tu vida, esa vida ordinaria y aburrida, descubrirás algo absolutamente maravilloso. Nuestras vidas sin sentido están llenas de motivos para la alegría. Y no necesitas hacer nada para experimentar esa felicidad. La gente cree que necesita experiencias extremas. Y es verdad que a veces las experiencias brutales y extremas nos conducen, aunque no sea más que por un instante, a un estado de iluminación. Por eso buscamos experiencias de este tipo. Ahora bien, el efecto desaparece echando leches y te quedas ahí, con cara de bobo, hasta el próximo subidón.

Lo que hay que entender es que no hacen falta drogas, dinamitar edificios o ganar una carrera de Fórmula Uno. No hace falta tirarse en parapente o seducir a la secretaria. No hace falta tener visiones en las que uno se funde con el universo. Basta con ser el que eres, con estar donde estás. Rasca la mierda del wáter. Saca a pasear al perro. Haz tu trabajo. Esa es la magia pura. Si de verdad quieres fundirte con Dios, esa es la forma de hacerlo. Este preciso instante. Estás sentado. Con una mano te rascas los cojones, y con la otra vas dándole al scroll down mientras piensas../ “Este tío está como una regadera”. Ese momento es pura iluminación. Ese momento nunca ha sucedido antes y no volverá más. Una vez pasado, desaparece para siempre. Ese momento eres tú. Ese momento es la unión, la fusión entre tu y el universo, Dios mismo.

La vida que estás viviendo ahora mismo encierra placeres desconocidos para el mismísimo Dios.

Brad Warner, “Siéntate y calla”. http://comandodharma.blogspot.com/

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4 comentarios

Archivado bajo budismo, meditacion, negocios, paz interior, zen

4 Respuestas a “De verdad, el zen es aburrido.

  1. Conchita Fernandez

    ¡Felicidades!…da gusto leer palabras tan útiles.

    gracias y un saludo

  2. Bueno, yo no encuentro el zazen aburrido, lo encuentro apacible y calmado, como debe ser el resto de la vida. Y de repente, cuando estás calmado, resulta que todo el universo, incluso lo más mundado, se vuelve brillante y único.

    Nada extraordinario, ¡todo brillantemente ordinario!

  3. me parece que no as entendido el mensje de u.g krishnamurti, entonces hablas como el piensas como el ,no eres un individuo.
    saludos a todos

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