La visión zen de la Planificación Estratégica

Se enfatiza la necesidad de tener una visión estratégica y de aplicar la herramienta, pero el argumento es pobre: porque no podemos permitir que el futuro “nos atrape” sin estar preparados. Este argumento obvia lo principal: que el futuro SIEMPRE nos encontrará sin estar adecuadamente preparados, simplemente porque el futuro no existe y es solamente el resultado de las decisiones del presente, el que a su vez no es más que el futuro del pasado. Por lo tanto, más vale dedicar todos los esfuerzos a construir un BUEN PRESENTE que a estar gastando energías en el futuro. Ese es un mito moderno, muy difícil de desarraigar de la mente colectiva porque siempre ha sido usado como la zanahoria delante del burro para hacer que camine… Esto, por el lado del concepto.

Por el lado de la herramienta, ni hablar. Sólo 3 palabras son capaces de describirla: complicada, complicada, y complicada. Y lo que es peor, complicada al fósforo. Si el futuro fuera algo tan simple como para meterlo en los formularios y los planes y los gráficos y las galimatías orales y escritas de los especialistas, no estaríamos viviendo lo que estamos viviendo en estos momentos. Pero hay que reconocer algo: lo difícil vende, porque tiene esa pátina misteriosa de lo inteligente, de lo trascendente. Y a los empresarios les gusta comprarlo, porque así se empapan de esa pátina. Así, terminamos todos, vendedores y compradores, pintados de inteligencia… y yendo de tumbo en tumbo.

El zen preconiza vivir el presente. ¿Cómo compatibilizamos esa idea con la tan arraigada de que hay que preocuparse del futuro? De la manera como lo han hecho los empresarios zen como el icono Steve Jobs, o Kazuo Inamori, o Akio Morita, o tantos otros que han triunfado en ese futuro tan esquivo. La receta es tan simple, es zen: responder a la ecuación QUÉ para un QUIÉN. Tenemos que encontrar un QUÉ (producto real, servicio, idea) que satisfaga y haga que un QUIÉN (expectativas, necesidades, costumbres) nos prefiera. Si analizan la receta, verán que en ella de futuro no hay nada, y más bien el futuro pasa a ser el efecto del presente. Un QUÉ para un QUIÉN.

Por ejemplo, todos los Planes Estratégicos preconizan la idea del alineamiento del esfuerzo empresarial con el “deseo” del mercado, y por eso encargan sesudos estudios de mercado para tratar de averiguar ese deseo. La mala noticia para los que piensan así es que ninguno de los héroes mencionados (y los no mencionados) han confiado jamás en dichos estudios. Steve Jobs se mofaba de ellos y jamás gastó un céntimo en encargarlos. ¿Qué hace el enfoque zen? CREA el mercado. Trabaja hoy, en el presente, para crear el mercado del futuro. Por eso tenemos hoy (el futuro de ayer) los Ipads y otros juguetes que nos legó el zen Jobs.

Otro mito incorporado en la P. E., la Misión y la Visión. La famosa Misión… ¿acaso hay alguien tan tonto como para plasmar por escrito que su misión en esta vida es hacer sufrir a los demás? Comparen todas las Misiones de todas las compañías y encontrarán un arquetipo: dicen lo mismo. ¿Es que todos tienen la misma Misión? Sí. Tan simple como eso. Y también sucede con la Visión. Pero los empresarios que compraron el paquete gastan semanas en definir su Misión y su Visión como si fueran el portal al futuro… Y en ese futuro estarán luego pataleando y arrepentidos de no haber gastado el tiempo en CONSTRUIRLO en su presente en lugar de estar jugando.

Para los que seguimos la filosofía zen no existe la famosa Planificación Estratégica (salvo como producto vendible a los ingenuos que creen en ella). Lo que existe es un presente provechosamente utilizado en CONSTRUIR un futuro deseado. Y la técnica es muy simple: un QUÉ para un QUIÉN.

Siempre busco una respuesta y no la encuentro: ¿por qué si hablamos tanto de que la felicidad está en el vivir el aquí y ahora, no aplicamos esa filosofía a nuestras empresas? De una cosa estoy seguro: los que la aplican, nuestros clientes, viven un lindo presente, son felices, y día a día disfrutan de un futuro bien construido… ayer. Sin tanta fanfarria ni oropeles.

Carlos M. Duarte M., Ing. Comercial (UdeC, Chile), Director de ZAZENco Consulting srl.

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Archivado bajo budismo, Ciencia, espiritu, meditacion, negocios, paz interior, zen

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