La dicotomía de Oriente y Occidente en los arquetipos de Siddharta y Demian: un estudio del individuo

La dualidad Oriente-Occidente fue concebida, en un principio, como apelativo para los dos puntos cardinales por los que el sol realiza su itinerario espacial. Cicerón acuñó las expresiones Oriente sole y Occidente sole, que podrían traducirse como “donde nace el sol” y “donde muere el sol”.

En el siglo XI, el Cisma entre Oriente y Occidente supuso la culminación de la dicotomía establecida. Con el tiempo, el significado literal de ambos términos ha sido relegado al ámbito lírico (y etimológico). Actualmente se hace uso de estas expresiones para delimitar dos zonas geográficas, con matices culturales, sociales y económicos diferentes.

Hermann Hesse hizo gala de esta dicotomía, en un artículo publicado por Die Zeit“En este mísero Occidente, hemos desgarrado el tiempo en partículas […] cada uno de los cuales sigue teniendo el valor de una moneda; en cambio, en Oriente, sigue fluyendo sin rupturas […] capaz de calmar la sed de un mundo”.

A pesar de datar de 1904, las consideraciones de Hesse constituyen un retrato imperecedero de la sociedad. No obstante, si tenemos en cuenta el carácter único e inmutable de la esencia del individuo, vacilamos ante la idea de una escisión de la misma, que degenera en dos arquetipos sociales:

Demian (1919) y Siddharta (1922) son dos obras con las que Hesse trata de descifrar la identidad del paradigma del individuo. Ambas historias están cargadas de connotaciones religiosas: Si bien Emil, protagonista de Demian, pertenece a una familia cristiana ejemplar, la de Siddharta es hindú. Sin embargo, ambos se desligan de toda religión, en concreto; del mundo mismo, en general.

Al sumergirnos en la vida de Emil Sinclair y de Siddharta, un joven europeo testigo del origen de la Primera Guerra Mundial y el espiritual hijo de un brahmán indio, respectivamente, participamos en la lucha del individuo con el universo contra sí mismo, y consigo contra el universo.

En Demian, esta eterna lucha sitúa su núcleo con la desmembración del mundo en dos realidades: El mundo modélico y conveniente y el mundo prohibido, que constituye el principio del camino iniciático hacia nosotros mismos, integrando todo aquello que el mundo correcto prohíbe. Sin la permutación de ambas esferas, sería imposible lograr un equilibrio en la realidad, y por ende, en nuestro interior.

Esta visión occidental dicotomiza la entereza de su pensamiento, de manera que la realidad queda siempre constituida por el concepto y su antónimo; lo bueno y lo malo, la verdad y la mentira, Dios y Demonio… Esta dinámica de opuestos provoca un eterno enfrentamiento entre los dos mundos citados.

En el s.XXI, la sociedad occidental comercia con un destino que no puede poseer en cuanto es tan tuyo como del resto. Este destino informe, industrializado, es el primer mundo citado.

La sociedad compra seguridad disfrazada de felicidad, mientras que la potenciación del individuo queda relegada a la incertidumbre del mundo prohibido.

El espíritu oriental de Siddharta va más allá;obvia la trivialidad del dilema, cediendo el protagonismo al segundo mundo; al interior de cada uno. Tan sólo en una ocasión Siddharta se siente perdido, precisamente cuando entra en el juego veleidoso del resto de la sociedad; en el primer mundo. Aquí se constata la disyuntiva de la búsqueda de uno mismo versus la coexistencia en el mundo.

Llama la atención que, mientras en Siddharta, el protagonista inicia la búsqueda de sí mismo aislándose de la humanidad, Emil pretende conocerse a partir de otras personas. Se trata de un conocimiento propio de carácter pasivo, cuyo agente es Demian y en ocasiones el viejo Pistonius (cuyo análogo, en Siddharta, sería Vasudeva).

Cuando uno se desconoce (o más bien se da cuenta de ello), se percata también de que no conoce a los demás, y se siente solo. En el mundo occidental, el miedo a desconocerse uno mismo, o al resto, trata de ser redimido mediante la consulta a personas cercanas; un refugio de confianza en padres o amigos. Esto puede resultar tranquilizador, pero no logra la liberación del miedo a la ignorancia del sum, pues al fin y al cabo, el individuo es lo que no es no-individuo, y sólo puede conocerse él mismo. Es esta la razón por la que el mundo oriental de Siddharta busca el aislamiento, que sólo admite la gramática de la naturaleza (Siddharta aprende del río, Emil del fuego) para lograr este autoconocimiento:

Estas consideraciones culminan en una nueva apreciación de toda doctrina (especialmente religiosa), que se revela como interpretación externa, que no proviene del interior de uno mismo, y por tanto no tiene por qué corresponderse con el mismo. Al fin y al cabo, no hay más realidad que la que llevamos dentro.

La orientalidad de Siddharta se desprende de objeto e individuo; se aleja de la guerra, de la sensualidad mundana y todo desencadenante de la misma, proclamando la paciencia, el estoicismo y la meditación. Emil necesita (a Demian), desespera y navega en el vaivén de lo terreno, y sin embargo ambos individuos, ambos arquetipos del individuo, persiguen idéntico ideal; a sí mismos.

Los espíritus de Oriente y Occidente permanecen perpetuos en papel y realidad; uno influido por la religión hinduista y la espiritualidad, otro por la idiosincrasia de Europa:

La sociedad occidental  tiene miedo de lo desconocido en su interior, por lo que se asocia: “Por todas partes se extiende el grupo y la manada”. Se descubre la concepción de la sociedad como un producto de la necesidad, del miedo al vacío coexistencial (o soledad).

Sin embargo, esta escisión que establece Hesse no está constituida más que por el individuo; la sociedad, y resulta imposible dicotomizarla. Por tanto, es cierto que el método, el pensamiento, la disciplina de ambas esferas; Oriente y Occidente, es muy dispar. Sin embargo, la esencia del individuo es invariable.

En una sociedad donde se convive para no estar solo, pero necesita de la soledad para encontrarse, el individuo se verá anulado por sí mismo y por la sociedad. Esto demuestra la poca importancia que los seres humanos dan al propio ser, y la importancia de recapacitar acerca del concepto de hombre, de humanidad. Del individuo y del todo.

Autor:    Inma Benedito, lavanguardia.com

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Archivado bajo budismo, Ciencia, espiritu, meditacion, paz interior, zen

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