El teatro: mente y simbología (Patricia Hart)

3caras

Esta máscara con tres rostros, que expresan tres estados de ánimo diferentes, ha sido para mí disparadora de algunas reflexiones. La tradicional máscara del teatro nos presenta dos rostros que nos muestran dos estados de ánimo diferentes, la alegría y la tristeza. El primero corresponde a la Comedia y el segundo a la Tragedia. Desde hace siglo se viene usando como símbolo del Teatro, y por extensión a todas las Artes Escénicas.

Pero más allá del Arte, representa dos emociones primarias. ¿Podríamos decir que una celebra la vida y la otra anuncia la muerte? Si, podríamos. ¿Podríamos decir que una expande y abre el movimiento hacia fuera y la otra se encierra en sí misma y se paraliza? También. ¿Podríamos adjudicarles juicios valorativos diciendo  que una está “bien” y la otra “mal”? Sí, creo que podríamos.

Estas dos emociones primarias no son atributivas sólo a la especie humana. A la luz de los descubrimientos de las neurociencias, sabemos que el cerebro emocional lo compartimos todos los mamíferos. De hecho, no nos resulta difícil reconocer estos estados en nuestros animales domésticos. Cada especie tiene un lenguaje corporal y expresivo que encierra estos estados y son comprendidos por sus pares y también por otras especies, incluida la nuestra.

El Arte, que es una construcción cultural, sólo corresponde a la especie humana, y como tal lo hemos podido desarrollar gracias a la evolución de nuestros lóbulos pre-frontales, que es el área del cerebro donde se procesa la autoconciencia.

Ahora propongo un salto elíptico hacia el pasado lejano. Veamos al artista que por primera vez elabora la máscara de los dos rostros. Obviamente que fueron muchos, pero decidamos como ejercicio pensar en un individuo en particular; además es divertido, porque cada pensador podrá construir su “propia película”.  Podrá ser una escena en la edad de piedra o en el apogeo del teatro griego.

Pensemos entonces que ese, nuestro personaje, pudo sintetizar, simbolizar las emociones más fáciles de reconocer. ¡Vaya con la evolución de nuestro antepasado artista por haber arribado a ese símbolo! Y es el que seguimos usando.

Desde ese momento hasta ahora ¿acaso no hubo otros descubrimientos que ampliaron esa percepción?  ¿Es que acaso quedaron suspendidos  los procesos de evolución de nuestro cerebro? ¿O tal vez debamos asumir que pensar en otro símbolo que represente lo nuevo adquirido nos resulta muy trabajoso y nos volvemos remolones para no gastar tanta energía?

Pero la máscara de tres caras de este artista, existe ¿Qué nos está proponiendo? ¿Qué significa? ¿Con qué lo asocio? ¿Es un posible nuevo símbolo? De las infinitas posibilidades, opto por el siguiente posicionamiento: quizá, propone salir del enfrentamiento de los extremos, de la confrontación dual que sostiene unívocos, de la dialéctica de la discusión que construye una lucha donde hay vencedor y vencido. El viejo truco de “o blanco o negro”. Tal vez, ese tercer rostro visibiliza las infinitas posibilidades que median entre dos términos, y  nos habla de un proceso de cambio permanente.

No se dibujar, no se tallar ni esculpir los materiales, pero sí puedo solicitarle, por ejemplo, a un artista platero que realice una máscara de tres caras para que engalane mi cuello. Supongamos que me la obsequia. Y allí estoy, recibiéndola en una mano mientras en la otra sostengo la tradicional. ¿Cuál uso?

La máscara tradicional me encanta y me representa como persona de teatro. A esto se suma la conciencia de que el símbolo de las dos caras está tan arraigado, que por cierto su reemplazo no es una tarea fácil, por lo menos para mí. Es un símbolo universal. Todos lo entienden. Si eligiese ésta, estaría asegurando en acción la permanencia de este “símbolo intocable”,  “incuestionable”. Continuaría cabalgando sobre la rígida estructura de los opuestos inamovibles y enfrentados. Peor aún, estaría haciéndome la distraída, algo así como convencerme de que no pensé lo que pensé, de que el auto cuestionamiento nunca existió en mí.

Por su parte, la de tres caras me significa el pensamiento totalizador y articulado en permanente evolución, cuenta mejor la diversidad de pensamiento y sentimientos, cuenta la existencia de procesos y cambios. Si opto por ella, corro el riesgo de estar fuera de “la legalidad establecida de los símbolos” Estas acciones generalmente conllevan a que te cuelguen rótulos de lo más variados, la mayoría de las veces devastadores. Y se debe tener mucha valentía para soportarlos o eludirlos y lograr mantener la integridad con el menor costo de sufrimiento posible.

Así planteado, pareciera que estoy frente a un dilema. Pero no me amedrenta, porque como quien no quiere la cosa, lo resuelvo “en acción”: decido colgarme del cuello ambas máscaras y lucirlas simultáneamente.

Mientras estoy realizando la acción física, sigo pensando. Mientras estoy pensando, realizo la acción física. Esa acción (la del pensamiento y la física) rubrica la conciencia de que soy parte del todo, simultáneamente como partícula y como onda.

La acción de llevar los colgantes de las dos máscaras en mi cuello es significativa del tiempo de transición temporal que vivo, donde se articula la existencia de paradigmas obsoletos que se van abandonando, ante el avance de otros que contemplan y conciben la diversidad como riqueza, los procesos como valores, el conocimiento como trampolines, la creatividad como herramienta y al otro como único, merecedor de todos los cuidados, igual que uno mismo.

Ser consciente de un tiempo de transición me obliga de alguna manera a acompañar su devenir, su desarrollo, por lo que intentar imponer un nuevo símbolo, obviamente es un absurdo. No es cuestión de “corto” y “pego”. A la luz de cuántos siglos puede mantenerse  un símbolo, creo que es válido re-pensar el que existe, re-significarlo. Quizá, sea éste el momento de reflexionar acerca de si este símbolo de la máscara de dos caras nos continúa representando.

La evolución de la especie se produce en mucho más que siglos, se produce en milenios. Como dije antes, la máscara de tres caras ya fue concebida. Como suele suceder, los artistas a través de sus obras, no sólo registran su tiempo, sino que proponen los cambios y anticipan la particular concepción del hombre y del universo de la época por venir.

Fuente:

Patricia hartAutor:   Patricia Hart, actriz de teatro y pedagoga, investigadora argentina

http://patriciahartteatro.blogspot.com.ar/

patrihart2001@yahoo.com.ar

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Archivado bajo Ciencia, espiritu, meditacion, negocios, paz interior, zen

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