Enseñanzas del zen: MEDITAR CAMINANDO

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Zen es estar permanentemente inmerso en la realidad, de manera concentrada, íntima, específica. Es conocerla y dominarla, no es evadirse de ella. Practicamos zen cuando estamos trabajando, durmiendo, comiendo, haciendo el amor, caminando, y cada una de esas actividades las ejecutamos de manera única, con Atención Plena. No hacemos zen si mientras comemos nuestra mente está en la oficina, o si mientras hacemos el amor está en los pagos de la hipoteca. ZEN ES SER. La herramienta principal del zen para lograr ese nivel de concentración es la Meditación de Atención Plena, porque es la que nos permite ese contacto íntimo requerido con la realidad. 

Una de las actividades que más ejecutamos en nuestro día a día es el caminar. Ocupa un gran porcentaje de nuestro tiempo. No nos damos cuenta, pero si lleváramos la estadística de los pasos que damos en el día nos llevaríamos una sorpresa: son unos 10.000 pasos diarios, que a 1 segundo por paso representan 2,8 horas diarias de un total de 10 horas en vigilia: es casi un 30% de nuestro diario vivir. Siendo así, les proponemos ocupar ese tercio de nuestras vidas en vigilia para desarrollar la Atención y la Concentración; es decir, para MEDITAR CAMINANDO.

¿CÓMO MEDITAMOS CAMINANDO?

a) Primero, acostumbrémonos a respirar diafragmáticamente. Con el vientre, tal como lo hemos indicado anteriormente en otros artículos;

b) Segundo, familiaricémonos con la anatomía de nuestro pie. Toquémoslo, acariciémoslo, miremos su anatomía en algún libro o diagrama, sepamos de su conformación, de su estructura, de su dinámica, de sus músculos y huesos y tendones. Aprendamos qué es la pronación. Al final de este artículo les agregaremos una corta descripción de lo que es nuestro pie.

c) Tercero, cuando caminemos, concentrémonos en el caminar: tengamos conciencia de la posición de nuestro pie al caminar en todo momento, desde que posamos el talón en la tierra, hasta que levantamos ese pie y apoyamos el otro. Sigamos mentalmente ese movimiento, sintiendo como trabajan nuestras articulaciones, músculos, tendones, huesos para repartir la fuerza ejercida por la masa de nuestro cuerpo. Hagamos lo anterior con ambos pies y por todo el tiempo que caminemos. No perdamos la concentración en nuestro caminar y respirar.

d) Cuarto, no debemos perder la conciencia de que cuando caminamos el resto de nuestro cuerpo va con nosotros. Concentrémonos, entonces, en los movimientos del resto de cuerpo, las piernas, las rodillas al flexionarse, las caderas, los hombros, los brazos, la cabeza, el balanceo. Todo nuestro cuerpo debe ser objeto de nuestra concentración.

Esa es la manera de Meditar caminando. Acostumbrémonos a hacerlo y veremos muy pronto los beneficios en el desarrollo de nuestras capacidades de concentración y contacto con la realidad en la que estamos.

Les sugerimos familiarizarse con la anatomía de los pies, para lo cual pueden utilizar incluso los libros de estudio de secundaria de vuestros hijos o recurrir a internet. No podemos concentrarnos en lo que no conocemos.

RESPECTO DE NUESTROS PIES

Lo que sigue está tomado de la página de la organización Dr. Scholl (http://www.schollbiomechanics.com/):

Cuando caminamos, los pies son nuestro único punto de contacto con el suelo, por lo que es la primera parte de nuestro cuerpo que siente las fuerzas generadas al caminar.

Todos los huesos, músculos, tendones y ligamentos del pie están estructurados para trabajar juntos en la distribución de estas fuerzas de modo que no suframos lesiones ni dolor. No obstante, en ocasiones, la posición y el movimiento de los pies producen fuerzas que se aplican sobre los tejidos y pueden causar dolor de talón y rodilla.

Entonces, ¿qué puede ir mal con la postura y alineamiento de nuestros pies?

Cada vez que damos un paso, el pie toca el suelo con el exterior del talón, y luego se desplaza hacia abajo y se apoya mientras la pierna gira hacia dentro. Este movimiento se denomina pronación y genera algunas fuerzas que nuestros pies distribuyen para impedir que haya tensiones. Pero si la pronación es excesiva, puede haber más fuerzas que aumenten las tensiones sobre nuestros talones y rodillas. Y como damos entre 5.000 y 8.000 pasos cada día, cualquier tensión que experimentemos debido a esto se repetirá una y otra vez, lo que puede causar dolor.

Nuestros pies están perfectamente estructurados para soportar el peso de nuestro cuerpo. Es la única parte del cuerpo en contacto con el suelo cuando estamos de pie o nos movemos y desempeñan distintas funciones:

– Actúan como amortiguadores
– Nos ayudan a mantener el equilibrio sobre superficies desiguales
– Nos proveen de la propulsión, elasticidad y flexibilidad necesarias para caminar, saltar y correr.

El pie contiene 26 huesos (28 si incluimos los dos huesos sesamoideos), que están divididos en tres secciones: pie delantero, pie medio y pie trasero.

El pie delantero está compuesto por 5 metatarsos y 14 falanges. Los metatarsos forman un puente entre el pie medio y los dedos, y se extienden cuando el pie soporta peso. Cada uno de los huesos tiene una parte redondeada llamada cabeza metatarsal, que forman la planta del pie y soporta el peso del cuerpo.

Las falanges son los huesos de los dedos.

El pie medio está compuesto por 5 de los 7 tarsos. Los tarsos del pie medio son el cuboides, el escafoides y 3 cuñas cuneiformes.

El pie trasero está compuesto por los otros dos tarsos: el calcáneo y el astrágalo.

El astrágalo, o hueso del tobillo, está conectado con los dos huesos largos de la pierna inferior formando la articulación que permite al pie moverse hacia arriba y hacia abajo.

Una red de músculos, tendones y ligamentos mueven, soportan y mantienen en posición a los huesos del pie.

Los músculos tienen varias funciones importantes. Mueven los pies, levantan los dedos, estabilizan los dedos en el suelo, controlan los movimientos del tobillo y soportan el arco.

Los tendones conectan los músculos con los huesos y las articulaciones. El más grande es el tendón de Aquiles, que se extiende desde el músculo de la pantorrilla hasta el talón y permite correr, saltar, subir escaleras y ponerse de puntillas.

Los ligamentos mantienen los tendones en su lugar y estabilizan las articulaciones. El ligamento más largo del pie es la fascia plantar, que forma el arco entre el talón y los dedos y permite mantener el equilibrio y caminar.

Cuando caminamos, los pies son nuestro único punto de contacto con el suelo, por lo que es la primera parte de nuestro cuerpo que siente las fuerzas generadas al caminar.

Todos los huesos, músculos, tendones y ligamentos del pie están estructurados para trabajar juntos en la distribución de estas fuerzas de modo que no suframos lesiones ni dolor. No obstante, en ocasiones, la posición y el movimiento de los pies producen fuerzas que se aplican sobre los tejidos y pueden causar dolor de talón y rodilla.

Entonces, ¿qué puede ir mal con la postura y alineamiento de nuestros pies?

Cuando caminamos, el pie pasa por dos fases: la fase de contacto (cuando está en el suelo) y la fase de balanceo (cuando está en el aire). Es en la fase de contacto cuando el pie soporta tensiones que pueden causar dolor.

Cada vez que damos un paso, el pie toca el suelo con el exterior del talón, y luego se desplaza hacia abajo y se apoya mientras la pierna gira hacia dentro. Este movimiento se denomina pronación y genera algunas fuerzas que nuestros pies distribuyen para impedir que haya tensiones. Pero si la pronación es excesiva, puede haber más fuerzas que aumenten las tensiones sobre nuestros talones y rodillas. Y como damos entre 5.000 y 8.000 pasos cada día, cualquier tensión que experimentemos debido a esto se repetirá una y otra vez, lo que puede causar dolor.

Carlos M. Duarte M., Ing. Comercial (UdeC, Chile), Director de ZAZENco Consulting SRL

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Archivado bajo budismo, Ciencia, meditacion, negocios, paz interior, zen

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